No descubro el agua caliente al decir que el día de la boda, lejos de ser el más idílico de cualquier relación, se convierte en muchos casos en un día lleno de estrés, agravado a veces por las presiones familiares que acaban haciendo de la luna de miel una necesidad incluso terapéutica.

Aunque son muchos los quebraderos de cabeza que rodean al gran acontecimiento, el que más le suele quitar el sueño a la novia es el de elegir el vestido perfecto atendiendo a un presupuesto limitado, y queriendo satisfacer al mismo tiempo las expectativas de madre/hermanas/suegra/etc.

Por eso hoy quiero hablar sobre los cinco errores realmente catastróficos que hay que evitar a toda costa cuando por fin emprendas la aventura de encontrar tu vestido perfecto:

El primero y uno de los más graves es el de no ser realista con tu talla. Está bien, todos te han dicho que puede que los nervios te hagan perder algo de peso desde que comienzas la búsqueda hasta que llega el gran día, pero es una boda, no un viaje a Lourdes, y nadie te va a hacer una liposucción sorpresa mientras duermes. Piensa en toda esa ropa que te compras en rebajas dos tallas por debajo de la tuya, pensando en utilizarla “cuando adelgaces”, y que probablemente aún tenga las etiquetas puestas. 

El segundo es el de querer ir acompañada por demasiada gente a las pruebas. En realidad, más que querer, suele ser una cuestión de compromiso: ¿Cómo vas a decir a una amiga que sí y a otra que no? ¿Se enfadará tu suegra si le dices que sois demasiadas? En estos casos menos es más, y lo ideal sería que fueras con tu madre, tu hermana y alguna amiga íntima. Cuanta más gente haya a tu alrededor, más opiniones habrá, y más confundida podrás llegar a sentirte.

El tercer error a evitar, y también el más frecuente, es el de tener una idea preconcebida del tipo de vestido que quieres, y no dar tu brazo a torcer. A ver, llevar algún recorte de revista ayuda, pero no seas ingenua: ese espectacular vestido de corte de sirena de Pronovias solo te quedará bien si mides 1,80 y tienes una talla 36. Déjate aconsejar por la encargada de la tienda, y dile que te ayude a encontrar el que más te favorezca según tu silueta.

La cuarta equivocación consiste en obsesionarse con los escotes palabra de honor. Lucir con dignidad un escote palabra de honor requiere unos hombros esbeltos, un pecho firme de tamaño medio y unos brazos sin rastro de flaccidez. No te olvides de que hay escotes de tipo halter, o vestidos con manga francesa que te ahorrarán la preocupación extra de esos antiestéticos michelines rollizos que pueden asomar por la espalda si tu físico no es el que el palabra de honor exige.

Y el quinto y más importante, si quieres conservar un ápice de clase y glamour NUNCA, BAJO NINGÚN CONCEPTO, COMPRES TU VESTIDO DE NOVIA EN THE RUNNING OF THE BRIDES.

The running of the brides, o “los sanfermines de las novias”, como ya se les llama de forma jocosa, son las jornadas de rebajas que los outlets de Filene’s Basement dedican a la moda nupcial. En temporada de rebajas y durante un único día se pueden adquirir en sus establecimientos vestidos de muchas marcas y diseñadores con descuentos de hasta un 70%, provocando una histeria colectiva digna de las mejores películas de terror.

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Conseguir un vestido se convierte literalmente en una batalla campal. Los equipos (sí, equipos, porque las novias van con una corte de hermanas, amigas, primas… E incluso a veces van uniformadas para localizarse fácilmente entre la multitud) pasan la noche a la intemperie en sacos de dormir para ser de los primeros en entrar en cuanto se abren las puertas de la tienda.

Tras una cuenta atrás, los cientos de mujeres entran en estampida y en menos de un minuto no queda vestido alguno colgado de las perchas. Las acompañantes acaparan todos los que pueden, llegando en ocasiones incluso a la violencia, para llevárselos a la novia de turno que, con tal de no perder el valioso tiempo en ir hasta los probadores, se desnuda en medio del pasillo para probarse allí mismo todos los modelos que pueda.

Lágrimas, forcejeos, empujones, histeria y lo peor de todo, cámaras filmando cada detalle, para dar carnaza a ese público americano hambriento de realities. No creo que tenga mucho que ver con lo que cualquier novia soñaba cuando pensaba en encontrar ese vestido perfecto que la hiciera brillar con luz propia el día de su boda.

Os dejo con un vídeo espeluznante. Las personas sensibles o con fobia a las masas pueden pasar directamente al segundo vídeo, que es un poco más simpático…