timo casting

Siempre he sido una apasionada de la belleza real, y el hecho de que marcas de cierto prestigio internacional apostaran por usar imágenes de mujeres reales en sus anuncios publicitarios, como era el caso de Dove, me parecía una iniciativa digna de elogio. En mi candorosa ingenuidad me parecía valiente que, no solo no recurrieran a modelos anoréxicas, sino que ni siquiera se conformaran con modelos curvilíneas. Dove iba más allá y dejaba a un lado a las profesionales del sector en busca de un canon estético realista, que encontraba a través de castings populares entre las propias usuarias de sus productos.

Justo la semana pasada leí por casualidad la convocatoria a uno de estos procesos de selección en la web de Vogue, y me disponía a escribir sobre ello para ver si alguna de mis bellísimas lectoras se animaba a participar cuando me dio por echarle un vistazo rápido a las bases legales

La primera condición era rellenar un cuestionario con los datos personales al que había que añadir un comentario hablando de las rutinas de belleza habituales, además de adjuntar una fotografía de cuerpo entero en top. Hasta ahí todo correcto. Puede que a las más pudorosas no les parezca bien tener que mandar fotos suyas ligeras de ropa sin saber quién puede acabar viéndolas, pero este tipo de cosas es habitual y no hay por qué desconfiar cuando la marca en cuestión es tan popular.

La cosa se pone un poco más oscura al leer que las cuarenta fotografías de las participantes seleccionadas como finalistas para asistir al casting presencial en Madrid serán publicadas en las webs de las marcas colaboradoras a través de las cuales se participa, es decir, Vogue, Enfemenino, MSN, Smoda y Glamour. Llamadme mojigata, pero si yo me hiciera una foto de cuerpo entero en top en mi casa con objeto de participar en un casting, lo último que querría en esta vida es verla publicada en ninguno de esos sitios, por muy finalista que fuese. No olvidemos que por regla general estamos hablando de fotos amateurs hechas en el salón o delante de la pared del pasillo, y con una luz no muy favorecedora.

De todos modos, hasta aquí tampoco no hay más motivo de queja que el que el pudor de cada uno dicte. Pero la cosa pasa de castaño a oscuro al leer los “premios” que las seis finalistas recibirán en caso de pasar todo el proceso de selección: Protagonizar la siguiente campaña de Dove Masterbrand en televisión, revistas, medios digitales y puntos de venta (traducción: trabajarán gratis y no verán ni un céntimo de la explotación de sus derechos de imagen ya sea en TV, revistas, o paneles publicitarios a tamaño real en cualquier perfumería) y Un cheque regalo por valor de 500 euros (¿Perdona? ¿Cheque regalo? ¿De Dove? ¿Me estás diciendo que les vais a pagar en botes de gel?).

Pero lo más grave del asunto nos lo encontramos cuando llegamos al punto de la cesión de derechos de imagen y propiedad intelectual, en el que nos encontramos con esta perla: La participante cede sin límite temporal ni territorial alguno la totalidad de los derechos de propiedad intelectual y de imagen. Traducción: Emitiremos este anuncio donde, como y cuando nos apetezca, pero tú seguirás sin ver un duro.

Los que me conocéis personalmente sabéis que hablo de todo esto con conocimiento de causa, ya que hasta hace un par de años me dedicaba a hacer anuncios publicitarios. Lo habitual en aquel entonces para un anuncio de este tipo sería una tarifa como mínimo de unos mil euros para cada chica por el rodaje y la cesión de sus derechos durante un año a contar desde la fecha de la primera emisión, y a eso habría que sumarle una cantidad pactada por la difusión de las imágenes en prensa, medios online y puntos de venta, que serían como mínimo (tirando muy por lo bajo) otros mil euros más. Sin olvidarnos por supuesto del 20% de comisión que habría que pagarle a la agencia para la que trabajara la chica en cuestión.

La cosa se pone en un pico que nada tiene que ver con los geles que prometen los de Dove, y estamos hablando solo del primer año, ya que la marca tiene que volver a abonar un porcentaje de la tarifa si quiere seguir haciendo uso de las imágenes pasado ese periodo. Ahora entiendo que lo de la “belleza real” que venden estos señores solo es un engañabobos, una pose detrás de la que se esconde el deseo de ahorrarse lo que les costaría contratar a seis modelos de tallas grandes, porque seamos realistas, en las agencias tienen de todo, no solo chicas de la talla treinta y cuatro.

No me sorprende que la picaresca dé lugar a situaciones como esta, pero sí que me avergüenza que venga de marcas tan reconocidas y aparentemente respetables como Dove. ¿Qué será lo próximo? ¿Que una marca de zapatos nos ofrezca que seamos su imagen y que le llevemos su blog corporativo a cambio de un descuento del 40% sobre el precio de sus zapatos? Ah no, espera, que eso a mí ya me ha pasado…