Portada Vogue España Junio 2012

De no haber sido porque esta portada de Vogue me ha pillado en plena ola de calor hubiera pensado que se trataba de alguna broma por el día de los Santos Inocentes. Una vez pasado el primer arrebato de indignación pensé que quizá el problema fuera mío por haberme vuelto demasiado intransigente con el tema, pero cuanto más reflexionaba al respecto más insultante me parecía todo el asunto.

Porque no solo la portada, sino prácticamente todo el número de junio de la popular cabecera de moda, es un insulto a la sensatez y a la inteligencia de sus lectoras.

Nunca he discutido el argumento que defiende el uso de modelos delgadísimas o de los abusos de photoshop en revistas alegando que lo que hacen son creaciones artísticas de intención aspiracional. Puede parecerme irresponsable y cruel que una publicación nacional contribuya a difundir un cánon estético irreal e inalcanzable para la mayoría de las mujeres de este planeta, pero al fin y al cabo aquí parece ampararles aquello de la libertad de expresión. Puedo incluso obviar su cinismo a la hora de echar balones fuera argumentando que ellos no son los responsables de las inseguridades adolescentes y de sus consecuentes trastornos alimentarios. Pero lo que no consiento es que me traten como a una estúpida.

Porque hay que tener mucha desfachatez para promover una imagen femenina inalcanzable y después lavarse las manos por los trastornos ocasionados, pero hay que tener mucha más, muchísima desfachatez más, para usar como campaña de marketing una fingida solidaridad con el problema y un falso propósito de sensibilización al respecto.

De cara a la galería queda de maravilla que Yolanda Sacristán nos cuente lo espectacular que estaba Elsa Pataky en su octavo mes de embarazo, y que nos enumere con el mismo entusiasmo los nombres de una serie de celebridades que están muy orgullosas de no lucir una talla 36. Si solo hubiera leído del número de Vogue de junio la sección Carta de la directora, hasta me hubieran dado ganas de aplaudir esa iniciativa saludable (The Health Initiative) según la cual se supone que diecinueve ediciones de Vogue se han comprometido a trabajar solo con modelos sanas y que ayuden a promover una imagen corporal saludable.

Todo muy bonito, de no ser porque a los titulares de la portada El triunfo de la mujer real y ¡Amamos las curvas! les acompañaba una imagen de la modelo alemana Toni Garrn, que con un exagerado escorzo trataba de aportar algo de voluptuosidad a su cuerpo de metro ochenta y talla 36.

Si las portadas habituales hacen daño a miles de mujeres inseguras, no quiero ni imaginarme los devastadores efectos que puede tener en cualquier adolescente una revista que afirma sin pudor alguno que la mujer real y con curvas es una nórdica altísima con talla de niña, y por supuesto sin atisbo de celulitis.

Por si esto fuera poco, la revista se permite dedicarle al final del número un reportaje de tres páginas a la anorexia nerviosa, la bulimia y el síndrome del atracón, para acabar subrayando que un psiquiatra dice que estas enfermedades tienen “una base biológica muy clara situada en la corteza orbiofrontal, la zona del cerebro donde se ubican también las alteraciones relacionadas con las adicciones”. Poco les falta para afirmar que la culpa es de la genética, y no de la mala influencia del entorno o de las presiones creadas por los medios de comunicación.

Reportaje Vogue Michael Korrs

Y para más mofa y recochineo, si es que acaso no había habido suficiente todavía, a dicho reportaje sobre los trastornos alimentarios le precedía uno sobre el diseñador Michael Kors, ilustrado con fotografías de la modelo británica Jourdan Dunn, más delgada incluso que su colega de portada.

Reportaje Vogue Michael Korrs 3

Señores de Vogue: Sigan amparándose en la libre expresión para promover esos ideales de delgadez que tantas amigas de ana y mia han dejado a su paso, pero al menos tengan la coherencia de hacerlo sin pretender disfrazarlos de belleza saludable. No insulten la inteligencia de sus lectoras.