El último viaje del Orient Express

Viajar es una de mis grandes pasiones (si no sería imposible encontrar una explicación lógica a mi ritmo de vida), pero hay dos viajes con los que he soñado secretamente desde que soy una niña. El primero, al Polo Norte, a ver auroras boreales. Sí, ya sé que no hace falta ir hasta el Polo para verlas, pero para mí tiene su encanto. Y el segundo, de París a Estambul a bordo del Orient Express.

Son esas cosas que uno se promete que hará al menos una vez en la vida. Hace algunos años tuve la posibilidad de marcharme “de inter-rail”, que estaba muy de moda entre la gente de mi edad. Pero a mí eso me parecía un sucedáneo barato de mi sueño, y no estaba dispuesta a conformarme.

Yo quería hacer el mítico viaje de cuarenta y cinco días, pasando por Estrasburgo, Viena, Budapest. Fantaseaba con estar sentada en esos vagones en los que tantos autores habían sentado a los protagonistas de sus novelas. Y fantaseaba también con escribir desde allí, por qué no, confiando en que en un escenario como ése la inspiración no podía serme muy esquiva.

Pero mucho me temo que esta vez he perdido, literalmente, el tren de mis sueños, porque acabo de enterarme de que el pasado 13 de diciembre, el Orient Express realizaba su último viaje. Ha sido la muerte lenta y dolorosa de un concepto que resultaba ya excesivamente anacrónico. En nuestro mundo, en nuestro flamante siglo XXI, no hay cabida para disfrutar de los trayectos. Queremos llegar lo antes posible. Lo queremos todo y lo queremos ya. Quién querría emplear cuarenta y cinco días en atravesar europa a bordo de un tren carísimo, pudiendo hacerlo en tan sólo unas horas por el poco dinero que cuesta un billete en cualquier compañía low cost…

Resuena en mi cabeza la voz del cantante de Aerosmith, entonando el tema Amazing Life’s a journey, not a destination, and I just can’t tell just what tomorrow brings… Espero no olvidarlo nunca.

Pughatory, de Madame Petiperie

Aún estoy un poco desconcertada después de ver algunas de las fotos de Madame Petiperie en la revista H Magazine, y como aún estoy madurando mi propia opinión sobre esta curiosa mezcla de moda y arte, te trascribo las palabras de la autora al respecto:

“Mi principal inspiración viene del surrealismo y del dadaísmo. Sus yuxtaposiciones inesperadas, inusuales, sin una lógica manifiesta. He estudiado lingüística y me gusta experimentar con el lenguaje, con él y con la sintaxis y con los elementos semióticos que constantemente implemento en mi trabajo. Intento borrar los límites, hacerlos desaparecer de alguna manera, entre la moda, la escultura y el cuerpo físico. Todo ello para desarrollar algo nuevo y fuera de lo común, sin reglas ni restricciones para lograr algo así como una especie de nueva dimensión escultural. Para mis diferentes proyectos, trabajo mano a mano con jóvenes artistas up-and-coming y con diseñadores de moda.”

Sueños de rock’n’roll

Después de esa tarde de charlas entre bloggers de moda, me tocó ir al In Dreams Café (c/ San Mateo 4, Madrid) a recoger a mi amigo Robin. Creo que hay pocos sitios en este mundo donde se le vea tan en su salsa (aclaro que estamos hablando de alguien que lleva a Elvis tatuado en su brazo derecho, y cuyo “uniforme de trabajo” lleva solapas de falso leopardo).

A pesar de caer en algún que otro topicazo, me gusta que en este lugar se cuiden con tanto mimo los detalles, y más que rodeado de piezas y decoración de aires retro, da la sensación de uno se ha quedado atrapado en una especie de limbo atemporal, el cielo al que irían las estrellas de los 50.

Un espacio deliciosamente recargado, en el que entretenerse en mirar cada trocito de pared se vuelve tan adictivo como jugar a “¿dónde está Wally?”.

¿Lo mejor? Poder disfrutar de una limonada o un batido, y aprovechar su Wifi para postear alguna que otra cosilla…

Fashion Blog Experience: charla con Marta de la Calzada

Este miércoles, un puñado de bloggers muy afortunados tuvimos la oportunidad de participar en un encuentro, organizado y patrocinado por Givenchy y Addoor. Gracias a la cortesía de Emiika Style (Corredera Baja de San Pablo 53), que nos ofreció su tienda como punto de encuentro, pudimos reunirnos para charlar sobre el panorama actual de la blogosfera en lo que a moda se refiere.

Para ello contamos como madrina de lujo con Marta de la Calzada, de la revista Vanidad, que nos contó sus impresiones respecto a la relación de reciprocidad e interacción que existe entre revistas impresas y blogs de moda.

Me gustó mucho la frase que eligió para comenzar su charla, un buen blog es como un buen currículum. Nunca me había parado a pensar sobre ello, pero creo que tiene razón. No es que un blog diga mucho de su dueño, es que lo dice todo. No sólo deja al trasluz sus preferencias estéticas o habilidades como internauta, sino que va más allá de un modo más íntimo, dejando ver incluso los sueños o aspiraciones, a veces de manera inconsciente.

A todos nos sorprendió en mayor o menor medida que Marta no tenga su propio blog, ella que se queja de que en ocasiones en las revistas a la libertad se le recortan un poquito las alas, por aquello de las “marcas amigas” y esas cosas. Admite que la causa es la falta de tiempo, y a mí me halagó bastante que reconociera la dedicación que hace falta para tener un blog actualizado con regularidad. Yo desde aquí la animo, por si algún día le da por leerme, para que se una a la blogosfera. (¡Marta, nos conformamos con una actualización semanal!)

Nos planteó una cuestión: ¿desaparecerán las revistas de papel? Mi respuesta es una rotunda negativa. Es cierto que la velocidad a la que se propagan las noticias de actualidad en la red, es algo con lo que los medios tradicionales tienen muy difícil competir, y que quizá las revistas “de papel” debieran centrarse en ofrecer contenidos más atemporales, o imágenes los suficientemente atrayentes como para que los lectores quieran tener “los originales”.

Yo por mi parte no concibo mi mundo sin revistas. Del mismo modo que por mi trabajo reviso más de medio centenar de blogs diariamente (no os asustéis, de muchos sólo leo los titulares para asegurarme de que no se me escapan noticias importantes), disfruto de mis mariposillas en el estómago cuando llega la hora de comprar revistas. Me da miedo calcular el porcentaje de mi sueldo que se me va en tal menester, pero vamos, yo me lo tomo como “gastos de empresa” y ya está. Quizá debiera acudir a algún tipo de reunión de anónimos que se desintoxican de algo y decir “hola, me llamo tal, y soy adicta a comprar revistas de moda”. Intento comprar tantas como me es posible, Vanidad (¡por supuesto Marta, la duda ofende!), HMagazine, Tendencias, Citizen K…, a parte de las consabidas, Vogue, Elle, etc. Incluso los suplementos de alta costura de ¡Hola!

Y tengo un dilema horrible, porque mi piso no es muy grande, y no puedo amontonarlas hasta el infinito, y antes o después acabo llevando las más viejas al contenedor de reciclaje, o regalándolas a quien creo que pueden venirles bien. Pero hay ciertos números de los que me cuesta deshacerme, en especial los números de joyas de Vogue. Así que no, no pueden desaparecer las revistas.

Me encantó Emiika Style, y la forma en la que conviven en armonía arte y moda a lo largo y ancho de todo el espacio. Una tienda en la que la moda le hace de marco al arte y viceversa, con prendas enmarcadas como auténticas obras de arte.

El pequeño gran descubrimiento de la tarde fue esta bandejita de broches, anillos y charms para el móvil, con forma de galletas, chocolate, hamburguesas o perritos calientes:

Deja de hipersalivar con la galleta María Fontaneda, porque ha pasado a ser propiedad de una servidora…

Fue toda una suerte poder conocer en persona y ponerles cara a los dueños de blogs que ando siguiendo desde hace tiempo. Muchas gracias a Juan de Addoor por la iniciativa, y a Givenchy y Emiika Style por la parte que les toca. Ojalá que podamos repetir la experiencia muy pronto.