Llevo fatal mis propósitos para el 2019

Llevo fatal mis propósitos para el 2019

Queda poco para dejar atrás la primera mitad del 2019, y es más o menos en esta época del año cuando hago la primera reflexión respecto a los objetivos que me marqué allá por enero. En esta ocasión me lo voy a tomar con todo el humor que pueda porque mi trayectoria está siendo bastante desalentadora prácticamente en todos los propósitos que esperaba ser capaz de cumplir.

Y he pensado que quizá sea buena idea compartir aquí mi falta de voluntad para ver si así me doy un poco de vergüenza y me pongo las pilas para enderezar la cosa de aquí a que termine el año.

Mi primer propósito era ser más constante con la escritura, tanto aquí en el blog como en la novela en la que empecé a trabajar cuando me mudé a Torquay. Respecto al blog no puedo ni siquiera intentar disimular, porque a la vista está que no estoy publicando tanto como me gustaría últimamente. Y con la novela llevo una temporada un poco atascada con uno de los puntos de la trama y este atasco hace que me plantee la posibilidad de borrar algunas cosas que llevaba escritas para volver a reescribirlas con un enfoque diferente. Pero claro, ya os imaginaréis la pereza que me da.

Llevo fatal mis propósitos para el 2019

Debo decir, en mi defensa, que la boda —voy a celebrar mi boda en un crucero dentro de dos semanas— me ha quitado al final más tiempo del que había previsto en un principio. No encontré ningún vestido que me gustara en la ciudad en la que vivo y me ha tocado estar viajando a otro sitio para las pruebas y demás parafernalia. Mi idea original era la de celebrar una boda sencilla que no me diera demasiados quebraderos de cabeza, pero —oh, sorpresa— parece que eso no existe. Mucho me temo que boda y sencilla son términos por naturaleza contradictorios.

Respecto a los propósitos de hablar a menudo con mi familia y mis amigas, y el de mejorar mi inglés, no voy del todo mal. Aunque lo de revisitar la gramática inglesa sigue siendo una de esas cosas que no me canso de posponer con cualquier excusa absurda. Igual después de la boda consigo ponerme con ello.

Me había propuesto leer al menos veinticuatro libros este año, así que a estas alturas debería llevar ya ocho leídos. Pero la realidad es que solo he terminado tres y que tengo otros dos a medias. La culpa la tiene —además de la boda, claro está— David Mitchell. Su libro El atlas de las nubes es uno de mis libros favoritísimos, así que después de leer el año pasado otras dos novelas suyas, este año estaba emocionada por leer Escritos fantasma, porque había oído por ahí que tiene ciertas similitudes con El atlas de las nubes. Pero Escritos fantasma se me ha atragantado ya que las tramas son muchas y muy confusas, y la relación entre ellas está un poco cogida con alfileres. Llevo ya más de la mitad leída, pero me cuesta mucho ponerme y estoy en ese punto en que me planteo abandonar el libro. He probado a dejarlo aparcado y leer otros más cortitos a modo de descanso, pero debo de tener algún tipo de trastorno porque me pone muy nerviosa eso de tener dos libros empezados al mismo tiempo. A ver si decido pronto qué hacer con este libro y a ver si tengo suerte y me engancho con los próximos que empiece y consigo coger ritmo para acercarme al menos a la meta de veinticuatro libros leídos.

Este año pretendía completar mi proyecto de grabar al menos un segundo al día a modo de videodiario, pero me sigue pasando lo mismo de siempre y me olvido por completo de mi móvil cuando estoy haciendo cosas interesantes. No tengo remedio.

Dejar de comer carne es mejor para la salud y para el medio ambiente

Lo de comer menos carne es lo único con lo que estoy teniendo un éxito razonable, ya que he conseguido reducir el consumo a una vez por semana, o incluso menos que eso en varias ocasiones. No ha sido fácil porque Edu, como buen argentino que es, no está dispuesto a renunciar a comer carne y eso quiere decir que la mayoría de los días me toca preparar dos menús diferentes, uno para él y otro para mí. Pero con un poco de organización es posible. Y de hecho debo añadir que las pocas veces que he comido carne ha sido porque ha sobrado algo de lo que había preparado para Edu y me parecía un desperdicio tirarlo.

Mi último propósito para este año era el de volver a patinar, pero el tiempo y las circunstancias no han estado muy de mi parte. O bien amanecía lloviendo los días que tenía libres y podía salir a hacerlo, o justo teníamos otros planes para cuando el buen tiempo acompañaba. Supongo que será más fácil durante los meses de verano. Y estoy especialmente motivada ahora que he descubierto que, no solo comparto afición con Agatha Christie, sino que además ella —que veraneaba por estos lares— también solía patinar en el mismo sitio en el que lo hago yo. Casualidades de la vida.

Agatha Christie patinando en el pier de Torquay

Espero que este post de la vergüenza me espolee lo suficiente como para hacer acopio de fuerza de voluntad y enderezar este asunto de mis propósitos para el 2019 antes de que sea demasiado tarde. ¿Y vosotros? ¿Cómo lo lleváis?

Azu y yo felices en Callao

Mis propósitos para el 2019

He llegado a la conclusión de que no escribo aquí cada año mis propósitos solo para no tener que enfrentarme a la triste realidad: por mucho que me esfuerce nunca consigo llevar a cabo todo lo que me propongo por estas fechas. Ya sé que es de lo más habitual y que nos pasa a la gran mayoría de los mortales, pero si no queda rastro escrito que lo demuestre la sensación de fracaso por no haber llevado a cabo las resoluciones de Año Nuevo es mucho más llevadera.

En cualquier caso esta vez he decidido correr el riesgo para ver si así me motivo más y dentro de doce meses puedo decir que al menos cumplí con la gran mayoría de mis propósitos.

Propósito nº 1: ser más constante con la escritura. Esto se aplica tanto a mi blog como a la novela en la que llevo trabajando de forma intermitente desde que me mudé a Inglaterra. Me gustaría volver a recuperar el ritmo de hace unos años de publicar cada semana al menos dos posts aquí además del que publico con los vídeos que hago para Cosmopolitan TV. Y me gustaría aún más tener terminado al fin el primer borrador de mi intento de novela.

Propósito nº 2: hablar más a menudo con Azu, Milena, mis hermanas y mi padre. Con Azu hablo prácticamente a diario por Telegram, y siempre que podemos tomamos el té juntas vía Skype. Pero a veces con mi familia se me pasan las semanas sin más comunicación que algunos mensajes aislados en WhatsApp. Así que me he propuesto mensajear menos y llamar más, si no puede ser siempre video llamada, al menos llamada convencional para ponernos al día y recordarles que les quiero, que pienso en ellos y que les echo mucho de menos.

Propósito nº 3: mejorar mi gramática inglesa y ampliar mi vocabulario. Una de las cosas buenas que ha traído este 2018 es que por fin hemos empezado a conocer a gente en Torquay, tanto españoles como lugareños, y he tenido muchas ocasiones para practicar el inglés. Estoy bastante satisfecha con el nivel que he conseguido, pero mi objetivo es llegar a ser 100% bilingüe y para ello necesito volver a dar buen repaso a toda la gramática y seguir ampliando mi vocabulario.

Propósito nº 4: leer al menos 24 novelas. Esto ya me lo había propuesto para el 2018. Y aunque empecé fuerte el año, después del verano aumentó mi vida social y tuve la mala suerte de que empecé a leer varias novelas que no me engancharon y que terminé dejando, por lo que la suma final de libros terminados ha sido solo de 12.

Propósito nº 5: completar mi proyecto 1 second everyday. Para quienes no la conozcáis, la aplicación móvil 1SE —disponible para iOS y Android— te permite ir guardando un segundo de vídeo al día a modo de diario para luego poder exportarlo todo en un único vídeo. También se pueden usar fotos en vez de vídeo si lo preferimos, y es una forma muy bonita y original de tener un recuerdo detallado de nuestro año. Yo empecé a hacerlo en febrero y aunque al principio era muy constante, después me pasó como con lo de leer novelas, que con tanta vida social me olvidaba de grabar. Y paradójicamente eran los días en los que salía y hacía cosas interesantes en los que casi nunca me acordaba de grabar el dichoso segundo para el diario. A pesar de eso, al exportar el vídeo el resultado ha sido muy chulo y esto me ha hecho arrepentirme de no haber sido capaz de grabar algo todos los días. A ver si este año lo consigo.

Propósito nº 6: comer menos carne. No como mucha carne, apenas un par de veces por semana y suele ser pollo, aunque a veces peco con alguna hamburguesa. Me gustaría reducir la carne de mi dieta o incluso eliminarla por completo porque sé que no es buena para mi salud y porque creo que la forma y las cantidades en que nuestra sociedad consume carne es completamente insostenible. No voy a hacerme vegetariana porque voy a seguir comiendo huevos y pescado. Pero una de las cosas buenas de vivir en Inglaterra es que aquí muchos restaurantes tienen un menú alternativo al habitual con platos veganos y vegetarianos. Así que, siempre que pueda optaré por estas alternativas.

Propósito nº 7: volver a patinar. Al poco de mudarme aquí me compré unos patines chulísimos y salía a patinar a menudo. Pero durante este año pasado el muelle de madera al que solía ir ha estado en obras, y el único sitio apto para patinar está en el pueblo de al lado y me daba mucha pereza tener que desplazarme hasta allí —aunque creo que he compensado de sobra la falta de patinaje con sesiones más frecuentes en el gimnasio—. Ahora que las obras ya han terminado ya no tengo esa excusa. Bueno, y tampoco es que necesite excusas porque patinar es una actividad que me encanta y con la que se me pasan las horas volando, que es justo lo que le pido yo a cualquier tipo de ejercicio para que me enganche.

Estos son mis propósitos para este 2019 que empieza, ya veremos dentro de doce meses qué tal se me ha dado lo de cumplirlos. ¿Vosotros ya tenéis vuestra lista? Si la habéis publicado en algún sitio y queréis dejarme el enlace en los comentarios estaré encantada de leeros.