El día que las muñecas Bratz se quitaron el maquillaje

Bratz sin maquillaje portada

A Barbie podemos echarle la culpa de muchas cosas, entre ellas de promover entre las niñas unos cánones de belleza ideal tan imposibles como absurdos. Pero debemos reconocerle, al menos a la mayoría de las Barbies que recuerdo de mi infancia, que elegancia no le faltaba. Sí, tenían una cintura antinatural y unas piernas desproporcionadamente largas, pero no les faltaba ese aura angelical propio de las princesas Disney, e incluso un cierto porte aristocrático. Pero las Bratz… Bueno, las Bratz son harina de otro costal.

La mayoría de las niñas fantasea con parecerse a sus muñecas y llevar la vida que en sus juegos imagina para ellas. Las muñecas preferidas de mi infancia fueron una Chabel colegiala y una Chabel exploradora. Con esta última pasé horas apasionantes haciendo excursiones imaginarias a través de la vasta vegetación de las alfombras de mi casa. Soñaba en secreto con el día en que los Reyes Magos me trajeran una caravana para que mi Chabel pudiera ser totalmente libre e independiente y recorrer el mundo, pero siendo cómo éramos tres hermanas en casa, el presupuesto familiar no daba para tantos caprichos y mi pobre exploradora tenía que conformarse con alguna caja de zapatos que hacía las veces de bungalow improvisado.

A lo que quiero llegar es a que si gracias a mi Chabel exploradora yo de mayor quería ser una intrépida arqueóloga, ¿qué mensaje le estamos dando a las niñas de hoy en día al dejarlas jugar con muñecas que parecen strippers trasnochadas? Porque eso es precisamente lo primero que me viene a la mente cuando veo a estas Bratz hipersexualizadas que lucen con osadía y descaro más toneladas de maquillaje que el más virtuoso de los transformistas.  Sigue leyendo “El día que las muñecas Bratz se quitaron el maquillaje”