Algoritmo Instagram

Lo del algoritmo de Instagram explicado por Elegance Hunter

Lo del chándal con tacones no es el único disgusto que me he llevado por culpa de internet esta semana. El otro me lo ha dado Instagram. A ver, tampoco es que yo sea precisamente una fan acérrima de la red social fotográfica por antonomasia —ya os lo contaba en el post Los peligros de ser «solo instagrammer»—. Pero aun cuando no sea mi red favorita ni la use tanto como muchas de mis compañeras blogueras, me siento en mi más absoluto derecho al pataleo por ese algoritmo que el señor Zuckerberg se saca ahora de la manga para reorganizarnos el feed y enseñarnos las publicaciones que Instagram crea más convenientes para nosotros.

Andaba yo rumiando un post en el que dar salida al mosqueo, pero justo esta mañana me he encontrado en mi feed de blogs habituales con el artículo #RIPInstagram: la era del algoritmo, y como creo que no voy a ser capaz de escribir lo que pienso al respecto de este tema mejor de lo que ya lo ha hecho Jessica, he preferido remitiros a su blog, Elegance Hunter, para que al menos os echéis unas risas con el asunto tratado desde su punto de vista y con su sentido del humor.

No tengo el placer de conocer personalmente a Jessica, pero el suyo es uno de esos blogs que me encanta leer. Empezó siendo un blog de moda, pero poco a poco su autora ha ido aparcando la vena egoblogger para centrarse en contar, siempre de forma divertidísima, aspectos de su vida personal. ¡Tened cuidado porque os digo ya de antemano que engancha!

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A mí por lo menos ha conseguido que se me pase un poco el disgusto de lo de las próximas manipulaciones de nuestros feeds de Instagram con su delirante traducción del comunicado oficial de la red social. Así que ¡gracias Jessica! 😀

Cuidado con las piscinas engañosamente tentadoras

Yo derrochando estilo en mi antigua piscina desmontable

En Logroño (también conocido como Invernalia) esto del verano nos ha pillado un poco por sorpresa. O al menos a mí. Hace dos semanas no podía salir de noche sin una chaqueta o cazadora de cuero y ahora de repente estamos inmersos en la ola de calor que azota a todo el país desde hace unos días. Y esto de que el verano haya entrado de lleno de forma súbita tiene un principal inconveniente que es el de las piscinas engañosamente tentadoras.

Te explico. Tú bajas con tu revista y tu toalla dispuesta a broncearte en una pose glamourosa mientras haces oídos sordos a los berreos de los hijos gritones de tus vecinos. Cuando llevas apenas diez minutos la ola de calor empieza a hacer de las suyas y empiezas a darte cuenta de que, por mucho que estilice, quizá no haya sido buena idea ponerte un bañador negro. Porque el sol se encarga de calentarlo tanto que tienes la sensación de que podrías hacer una barbacoa sobre él. Mañana me pongo el biquini blanco, te dices, ese que tienes reservado para cuando luzcas un bronceado envidiable.

Entre tanta reflexión trascendental la temperatura sigue subiendo y es entonces cuando barajas las posibilidad de darte un chapuzón rápido y volver a tu pose digna sobre la toalla. Dejan de importarte los alaridos de los niños mimados y chillones engendrados por tu vecindad que salpican y chapotean de forma ruidosa, frente a la idea, que cada vez va cobrando más fuerza, de convertir ese bañador negro que te abrasa en algo húmedo que refresque de forma agradable tu piel.

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