¡Mañana mismo empiezo la dieta!

Entresuelo1a plato de sopa

El que no se haya mentido a sí mismo alguna vez de esta manera tan descarada, que tire la primera piedra. Un oscar deberían darnos a los que dejamos el juramento de Escarlata O’Hara a la altura de una aficionada a base de repetir una y otra vez que de este año no pasa, que nos apuntaremos al gimnasio, que nos pondremos a dieta, que xxxx (puedes colocar en este espacio ese idílico propósito que se te resiste una y otra vez).

Pero de forma inevitable el ardor de las promesas de Nochevieja empieza a disiparse, y nos deshacemos de los buenos propósitos de la misma manera que quitamos las cintas de espumillón del árbol de Navidad: deprisa, de mala gana y sin que nos importe mucho que se enreden en el cajón del olvido. Ya habrá tiempo de volver a sacarlas el año que viene.

El problema llega en forma de bofetada de la realidad cuando te subes a la báscula una mañana que te sientes optimista, pensando que tampoco puedes haber engordado tanto estos días. En mi caso, dado que mi religión me prohibe terminantemente acercarme a ninguno de estos diabólicos artefactos, mi dosis de realidad viene de la mano de mis vaqueros favoritos. Todo parece ir bien hasta que me doy cuenta de que estoy librando una batalla encarnizada para convencerlos de que suban más allá de mis caderas, y cuando finalmente consigo abrocharlos me veo obligada a reconocer que no tengo tan buenos pulmones como para aguantar en apnea el resto del día.  Sigue leyendo “¡Mañana mismo empiezo la dieta!”