
No, Halloween no es una «americanada»
No tengo ningún reparo a la hora de admitir que me encanta Halloween. El otoño es mi época favorita del año, y ya os he contado en alguna ocasión que para mí es casi como el verdadero inicio de año, en el que me planteo cambios personales y nuevos retos profesionales. Y Halloween precisamente es la festividad derivada del Samhain celta con el que se celebraba el fin del verano y el comienzo del nuevo año, por lo que me siento especialmente identificada con la esencia de esta fiesta, más allá de todo el jolgorio de los disfraces y de comer chocolate y golosinas (aunque cualquier excusa para hacer estas cosas siempre es más que bien recibida).
Pero Halloween no sería Halloween sin ese típico cascarrabias que hace el chiste fácil de que el truco o trato tiene tanto sentido en España como la Semana Santa en Wisconsin. Que por cierto, me pregunto yo cuántas representaciones del Tenorio habrán visto en estas fechas esos especímenes aguafiestas que quieren arruinarnos la diversión esgrimiendo como argumento la defensa de nuestras verdaderas tradiciones.
Si vosotros también tenéis en vuestros círculos de amistad a este tipo de pedantes os aconsejo que los mandéis a tomar viento fresco mientras disfrutáis de la fiesta de disfraces de vuestro bar favorito. Y si os apetece darles una cucharada de su pedante medicina siempre podéis replicarles que aquí en España, como buenos celtíberos que fueron nuestros antepasados, tenemos todo el derecho del mundo de celebrar Halloween. Porque no es que estemos copiando americanadas, sino más bien volviendo a nuestros orígenes.
Y precisamente sobre Halloween hemos hablado esta semana en la nueva entrega de la sección del COSMOJurado de bloggers, que podéis ver en este enlace.
Ahora sí, disfrutemos sin culpabilidad ninguna de esta noche de brujas.