Decálogo para trabajar en remoto

Mi decálogo para ayudarte a trabajar desde casa durante la cuarentena

Después de ocho años como nómada digital creo que tengo algo de experiencia en lo de trabajar lejos de la oficina. Al principio cumplía a pies juntillas el cliché de pasarme los días escribiendo desde cafeterías monas y muy instragrameables mientras tomaba cantidades ingentes de chai lattes, supongo que porque el hecho de estar rodeada de extraños enfrascados en sus propias conversaciones sustituía en parte al aspecto social que me estaba perdiendo por trabajar en remoto.

También tiene algo que ver el que en mis anteriores apartamentos no fuera capaz de encontrar el lugar idóneo para trabajar de forma cómoda —sobre todo en el anterior al actual, en el que la única habitación que podía destinar a ello era tan diminuta que resultaba incluso claustrofóbica, con todo el lío de focos, fondos, trípodes y demás parafernalia que suelo tener siempre de por medio para grabar—. Por eso a la hora de escribir o editar casi siempre prefería buscar alguna cafetería con WiFi cerca de casa. Leer Más

Facturación para bloggers

Asesorescloud.es: olvídate de todos los quebraderos de cabeza (burocráticos) de ser autónomo

Darse de alta en autónomos como blogger

Optar por la vía freelance y hacerse autónomo es un camino por el que, por fortuna o por desgracia, cada vez más jóvenes españoles se decantan. Puede que sea porque están cansados de no encontrar un puesto a la altura de sus expectativas trabajando por cuenta ajena, o bien porque tienen una idea de negocio con la que esperan conseguir más calidad de vida.

Pero por si acaso la vida freelancer no fuese ya lo bastante incierta, para llegar hasta ella hay que sufrir una serie de trámites que pueden ser un auténtico dolor de cabeza para quienes no estamos acostumbrados a lidiar con la burocracia. Leer Más

Sorteo Power Packer Side by Side Gear

SORTEO: ¡Llévate un Power Packer como el mío!

La semana pasada os mostraba con todo detalle en este post las bondades de unos de mis últimos descubrimientos para para mantener nuestras cosas ordenadas y accesibles cuando viajamos, en este caso en concreto nuestros cables y cargadores, gracias al Power Packer de Side by Side.

Este original estuche lleno de elásticos y compartimentos no es solo una buena opción a la hora de preparar el equipaje: también puede ser el compañero perfecto si llevamos a clase nuestro portátil o iPad para tomar apuntes, ya que gracias a él evitaremos que nuestra mochila se convierta en un caos de cables y encontraremos siempre rápidamente cualquier accesorio de nuestros gadgets que estemos buscando.

¿Con ganas de poner a prueba el Power Packer? ¡Un afortunado lector o lectora del blog podrá hacerlo porque estoy sorteando uno como el mío en mi página de Facebook! Solo tenéis que visitar este enlace y seguir las instrucciones de la publicación para participar. La fecha límite es el 25 de marzo, 23:59h (hora española).

De momento os dejo aquí el vídeo en directo que hice hace unos días en Facebook para mostrar todos los detalles de este accesorio que se convertirá en el favorito de los adictos a los gadgets como yo.

El mito de una vida de la que no necesitas vacaciones

El mito de «una vida de la que no necesites vacaciones»

Yo soy la primera que defiende a capa y espada eso de busca un trabajo que te guste y no volverás a trabajar ni un solo día de tu vida. Pero solo hasta cierto punto. No hay nada más enriquecedor que poder ganarse el sustento haciendo algo que nos apasiona y que hace que las horas que pasemos trabajando vuelen casi sin darnos cuenta. Pero si algo he aprendido a lo largo de mi vida adulta es que de todos los trabajos, —por muy maravillosos que sean— se necesitan vacaciones, por el bien de nuestra salud mental y de nuestra creatividad.

Todos necesitamos vacaciones

Cuando era adolescente era una adicta a las artes marciales. Me saqué el cinturón negro de Hapkido y el azul de Taekwondo, y competía en distintas disciplinas de estas dos artes marciales, además de probar otras en cuanto tenía la más mínima oportunidad. Salía de clase y me iba directa al gimnasio a entrenar, y hacía otro tanto los sábados y demás días libres en que abriera el gimnasio. Y a veces, si el gimnasio estaba cerrado quedábamos algunos compañeros para entrenar un poco en algún parque cercano.

Durante los últimos años en la Escuela de Arte Dramático decidí buscarme un trabajo a tiempo parcial para tener algo de dinero para mis gastos. Tras un breve paso por uno de los Telepizza de mi ciudad —no se me daba nada mal estirar masa y voltearla en el aire, que conste— me pareció más lógica y atractiva la idea de trabajar en gimnasios dando clases de Hapkido. Al fin y al cabo era algo que me encantaba y que seguro que iba a ser mucho más llevadero que estar preparando pizzas. Así que en cuanto me surgió la oportunidad, acepté la propuesta y empecé a dar clases, al principio a niños y más tarde también a adultos.

No voy a mentiros: lo pasé en grande. Tuve la suerte de dar con unos alumnos increíbles que me mantenían motivada para preparar a fondo cada una de mis clases, y yo misma aprendí más enseñándoles de lo que me habría esperado.

Pero enseñar —independientemente de la materia de la que se trate— es una tarea muy exigente y mentalmente agotadora, y después de mi segundo año dando clases me di cuenta de que mi entusiasmo inicial había decaído considerablemente. Mi pasatiempo, mi pasión, se había convertido en trabajo y por lo tanto en una obligación, y estaba empezando a perder su halo seductor. Leer Más

Saliendo de mi zona de confort

Saliendo de mi zona de confort

Os escribo estas líneas desde una de las cubiertas del Pont-Aven, el Ferry que hace el trayecto desde Santander hasta Plymouth. A diferencia de mi travesía a bordo del Costa Fascinosa de hace unos meses, en esta ocasión no se trata de un viaje de vacaciones. Mi coche va en una de las bodegas, cargado con varias maletas y mi material de trabajo —portátiles, un par de focos y trípodes y demás cacharrería de videoblogger—.

Mientras preparaba el equipaje no estaba segura de ser capaz de simplificar lo suficiente como para llevarme solo lo estrictamente necesario, pero al final lo he conseguido. Como mujer en general y bloguera de moda en particular, me ha costado lo indecible despedirme —aunque solo sea de forma temporal— de muchos de mis bolsos y zapatos favoritos: ¡todo un drama!

Pero lo mejor de ser nómada digital es lo poco que hace falta para dar el salto y empezar de cero en otra ciudad, en otro país. Hace falta poco de lo material, pero también hace falta mucho de otras cosas: valor, ilusión, ganas de pasarlo bien, de aprender y de reinventarse. Y quizá también un poco de temeridad.

Embarcando en el Ferry a Plymouth

Porque está muy de moda hablar de aquello de salir de la zona de confort, pero una cosa es hablar de ello y otra muy distinta liarse la manta a la cabeza y acatarlo con todas sus consecuencias. Y eso es precisamente lo que he querido hacer yo ahora que me ha surgido la oportunidad de pasar una temporada en Inglaterra, concretamente en Torquay.

Algunas cosas no cambiarán: seguiréis viendo mis Cosmoclips cada semana, y seguiré publicando por aquí como siempre y viajando a Madrid de forma regular. Pero os encontraréis en la sección de viajes del blog nuevos posts en los que os mostraré los rincones con encanto que vaya descubriendo en Torquay y en otros pueblecitos y ciudades de la zona.

Pero sobre todo lo que quiero hacer es centrarme en escribir, porque desde hace unos meses estoy trabajando en una idea que me rondaba la cabeza para una pequeña novela, pero con el ritmo de vida que llevaba no encontraba ni el tiempo ni la concentración necesaria para dedicarme a ello.

Así que ese es mi plan de vida para los próximos meses: escribir, descubrir la zona suroeste de Inglaterra y desempolvar un poco mi inglés antes de que termine por oxidárseme del todo. Y os iré contando todos los detalles por aquí, por si os apetece acompañarme en este viaje.