El mito de una vida de la que no necesitas vacaciones

El mito de «una vida de la que no necesites vacaciones»

Yo soy la primera que defiende a capa y espada eso de busca un trabajo que te guste y no volverás a trabajar ni un solo día de tu vida. Pero solo hasta cierto punto. No hay nada más enriquecedor que poder ganarse el sustento haciendo algo que nos apasiona y que hace que las horas que pasemos trabajando vuelen casi sin darnos cuenta. Pero si algo he aprendido a lo largo de mi vida adulta es que de todos los trabajos, —por muy maravillosos que sean— se necesitan vacaciones, por el bien de nuestra salud mental y de nuestra creatividad.

Todos necesitamos vacaciones

Cuando era adolescente era una adicta a las artes marciales. Me saqué el cinturón negro de Hapkido y el azul de Taekwondo, y competía en distintas disciplinas de estas dos artes marciales, además de probar otras en cuanto tenía la más mínima oportunidad. Salía de clase y me iba directa al gimnasio a entrenar, y hacía otro tanto los sábados y demás días libres en que abriera el gimnasio. Y a veces, si el gimnasio estaba cerrado quedábamos algunos compañeros para entrenar un poco en algún parque cercano.

Durante los últimos años en la Escuela de Arte Dramático decidí buscarme un trabajo a tiempo parcial para tener algo de dinero para mis gastos. Tras un breve paso por uno de los Telepizza de mi ciudad —no se me daba nada mal estirar masa y voltearla en el aire, que conste— me pareció más lógica y atractiva la idea de trabajar en gimnasios dando clases de Hapkido. Al fin y al cabo era algo que me encantaba y que seguro que iba a ser mucho más llevadero que estar preparando pizzas. Así que en cuanto me surgió la oportunidad, acepté la propuesta y empecé a dar clases, al principio a niños y más tarde también a adultos.

No voy a mentiros: lo pasé en grande. Tuve la suerte de dar con unos alumnos increíbles que me mantenían motivada para preparar a fondo cada una de mis clases, y yo misma aprendí más enseñándoles de lo que me habría esperado.

Pero enseñar —independientemente de la materia de la que se trate— es una tarea muy exigente y mentalmente agotadora, y después de mi segundo año dando clases me di cuenta de que mi entusiasmo inicial había decaído considerablemente. Mi pasatiempo, mi pasión, se había convertido en trabajo y por lo tanto en una obligación, y estaba empezando a perder su halo seductor. Leer Más

Propósitos 2016

Mis propósitos para 2016

Propósitos 2016

Como cada año por estas fechas llega el momento de hacer revisión del año que termina para ver qué objetivos hemos cumplido y cuáles se han quedado por el camino, y de establecer las nuevas metas hacia las que apuntar a lo largo del 2016.

El año pasado intenté ser realista y solo me propuse para el 2015 cuatro objetivos que me parecieron bastante asequibles. Eran cosas que dependían exclusivamente de mí y de mi esfuerzo. De esos cuatro objetivos al final solo he conseguido cumplir tres; no es el 100% pero al menos sí que he cumplido los tres que consideraba más importantes.  Leer Más

Las cosas que importan

Vacaciones 2012

Hace mucho que las redes sociales tomaron el relevo a los emails en muchos aspectos. Uno de los más incómodos es el de la propagación de absurdas cadenas que nos piden que copiemos un texto en nuestro muro si queremos luchar contra el cáncer, o que hagamos click en el botón Me gusta si estamos de acuerdo con una foto en la que el Dalai Lama o Gandhi aparecen junto a una cita que habla de los inciertos pasos de nuestra sociedad por el sendero equivocado.

Así precisamente ha sido como ha llegado hasta mí esta semana un breve texto en el que se nos acusa a hombres y mujeres de desperdiciar la salud para juntar dinero, y de luego gastar ese dinero para intentar recuperar la salud. Decía también que pasamos tanto tiempo pensando en el futuro, que no vivimos el presente, y que además de vivir como si no tuviéramos que morir nunca, morimos como si nunca hubiésemos vivido.

Resulta complicado saber a quién pertenece la cita en realidad, porque según el sitio en el que aparece la ponen en labios de Buddha, Gandhi o el Dalai Lama. Pero está claro que algo de razón sí que tiene, independientemente de cuál fuera la mente iluminada que la compartiera con el resto del mundo.

El caso es que a mí me ha hecho reflexionar y volver a ver las cosas con cierta perspectiva. Y como creo que no hay momento más propicio que este, a las puertas de las vacaciones, para pensar sobre estas cosas, voy a permitirme el lujo de darte un consejo: deja de preocuparte. Relájate. Puede que en tiempos de crisis te parezca contraproducente que te pida que no le concedas a tu trabajo más importancia de la que realmente tiene, pero creo que ya está bien de ver cómo cada vez más empresas se escudan en la situación económica para pedir a sus trabajadores que se aprieten el cinturón e imponer condiciones y horarios abusivos, siempre amparándose bajo la amenaza tácita que se oculta en la frase son tiempos difíciles.

No te engañes. Los tiempos nunca han sido fáciles, al menos para los trabajadores de a pie. No tiene sentido pasar todo el año fantaseando con tus quince días de vacaciones si llegado el momento, tienes tal cantidad de estrés acumulado que ni siquiera un mes de asueto puede devolverte las energías que necesitas para volver a enfrentarte a tu día a día.

No dejes que la falta de presupuesto haga que este año tus vacaciones se limiten a descansar en casa. Cambia de aires y de costumbres en la medida de lo posible. Si no puedes permitirte un viaje largo, haz pequeñas excursiones de un día, o aprovecha para respirar el aire de la sierra con una buena caminata o un paseo en bicicleta. Aléjate del ordenador y del correo de empresa.  Leer Más