Peluquerías y coronavirus

La reapertura de las peluquerías en tiempos del coronavirus

A estas alturas de la pandemia estamos ya la mayoría en un punto en que nos agarramos a cualquier clavo ardiendo que se parezca lo más mínimo a esa cotidianidad que nos arrebató el confinamiento. Mientras los expertos en la materia tratan de descifrar cómo de rápida o lenta será esa recuperación que volverá a reactivar nuestra economía, lo cierto es que muchos esperan ansiosos el pistoletazo de salida para volver a llenar sus bares y tiendas favoritos. Cualquiera diría que la mayoría de ellos cree que el virus ha desaparecido como por arte de magia.

Pero seguimos sin vacunas ni tratamientos 100% eficaces ante un virus que tiene muchas probabilidades de dejar secuelas serias a los afortunados que lo sobreviven

Hace unos días las peluquerías reabrían en muchas ciudades españolas, y yo no pude evitar quedarme ojiplática perdida al verlas llenarse, e incluso con lista de espera, desde el momento en que hubo peluqueras dispuestas a empuñar las tijeras. Como si el COVID-19 solo hubiera sido un mal sueño del que estábamos ya todos a salvo. Más allá de las mascarillas no había demasiada diferencia en muchos establecimientos con respecto a los días pre confinamiento.

Peluquerías y coronavirus

Por mucho que los encargados de los salones se empeñen en asegurar que se guardan dos metros entre cliente y cliente, el esfuerzo queda eclipsado por el hecho de que las estilistas no pueden guardar esa distancia entre ellas mientras se mueven en semicírculos constantes alrededor las personas a las que atienden. No hace falta ser un entendido en la materia para comprender que, si esa otra clienta que han sentado a dos metros de mí está infectada, su estilista tiene muchas papeletas para infectarse también y luego pasar la bola a todas las personas que no guarden la distancia de seguridad con ella. Y si las peluqueras y estilistas no están respetando esa distancia entre ellas —muchas veces porque es imposible con el espacio que tienen para trabajar—, pues entonces el efecto dominó se convierte en solo una cuestión de tiempo.

Salón Cheska en Instagram Salón Cheska en Instagram

Puedo entender que haya quienes tengan que correr el riesgo porque no les queda otra, como las personas mayores que por motivos de movilidad no pueden lavarse solas la cabeza, o quienes llevaban el pelo muy corto antes del confinamiento y ahora se ven con unas greñas difíciles de dominar incluso con toda la gomina del mundo, y siguen teniendo que trabajar y cuidar por ello su imagen.

Lo que no me entra en la cabeza es que haya quien se arriesgue y obligue a los demás a arriesgarse por el capricho de retocarse las mechas o hacerse un cambio de look. Porque aunque los dueños de las peluquerías estaban deseando abrir para no perder más dinero, también me consta que hay muchas estilistas empleadas cobrando un sueldo mínimo a las que no les hace ni pizca de gracia tener que estar trabajando a escasa distancia de otras personas, sin saber si acabarán contagiándose y llevándole el virus a sus familias.

Peluquerías Pascual en Instagram Peluquerías Pascual en Instagram

Este es el momento de apoyar a los pequeños negocios de nuestros barrios, y la mejor forma de hacerlo es aquella en la que además de ayudarlos económicamente no los ponemos en peligro. Ayudas más al restaurante de la esquina si les compras unas tapas para cenar en casa, que si te sientas una hora a tomarte una cerveza cuando les dejen abrir las terrazas.

Y puedes ayudar de muchas formas a tu peluquería de toda la vida sin tener que arriesgarte y obligar a los empleados a arriesgarse por ti: puedes aprovechar para comprarles productos profesionales para lavar y cuidar tu cabello en casa —en lugar de comprar ese champú barato del supermercado—, o comprarles a ellos el tinte y retocarte tú misma, ¡seguro que están encantados de asesorarte!

Si de verdad necesitas un corte de pelo, que sean retoques sencillos y rápidos de hacer, como sanear las puntas. Muchos profesionales son capaces de hacer este tipo de trabajos incluso con el pelo seco, con lo que te ahorrarías el tiempo y el riesgo de tener que pasar por el lavacabezas y por el secador. Porque, ¿a qué lumbreras se le ocurrió que la combinación de “espacio cerrado lleno de gente + virus que se transmite por aerosoles + secadores a todo trapo” era una buena idea?

Las mascarillas a las que tenemos acceso la mayoría de la población ayudan pero no hacen milagros, y si tosemos o estornudamos parte de estos aerosoles las atraviesan y se quedan flotando cerca de nuestro rostro, así que añadir un secador a la ecuación es como comprar todas las papeletas para la rifa del coronavirus.

Si de verdad, de verdad, es imprescindible que vayas a la peluquería —¿lo es?— piensa que cuanto menos tiempo pases sentada en la silla, mayor favor les harás. Todos correréis menos riesgos y ellos tendrán más tiempo para desinfectar y atender a otros clientes. Es en estos tiempos tan inciertos cuando nuestra sociedad necesita de forma desesperada una buena dosis de empatía.

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EDITO para añadir la gracia que me hace (ninguna) el ya clásico comentario de solo me quité la mascarilla para la foto que se ha convertido en una constante entre la mayoría de quienes han sentido la imperiosa e ineludible necesidad de ir a la peluquería a hacerse un cambio de look en medio de una pandemia. Porque, como todo el mundo sabe, el COVID-19 se pone en pausa cuando se trata de dejarnos actualizar nuestra cuenta de Instagram. Pero luego bien que nos gusta a todos aplaudir a las ocho.

Consejos para teñirte en casa durante la cuarentena

Cómo cubrir temporalmente las mechas para evitar el efecto raíz

Empecé a teñirme durante mi adolescencia, así que puedo decir que he pasado más años de mi vida con colores de pelo producto de la química que con mi tono natural. He recorrido varias veces todo el espectro que abarca la carta de coloraciones de cualquier peluquería, desde el negro azabache hasta el rubio platino, pasando también en varias ocasiones por los colores de fantasía.

Por norma general siempre he preferido ponerme en manos de un buen estilista, especialmente para los cambios más radicales. Pero también he tenido temporadas —por ejemplo al mudarme a alguna nueva ciudad— en las que no encontraba ninguna peluquería que me convenciese y pasaba a teñirme yo misma en casa e incluso a cortarme las puntas o el flequillo. Así que algo de experiencia tengo también en la materia, aunque solo sea una amateur.

Durante los dos últimos años, dejando aparte mi lapsus de ponerme el pelo rosa las pasadas navidades, me he mantenido fiel a unas mechas que empezaron siendo un balayage para terminar convirtiéndome en rubia-rubísima.

Y justo esta semana me hubiera tocado ya mi cita para retocar las raíces, pero obviamente a causa del confinamiento las peluquerías siguen cerradas. Algunas lectoras me habían preguntado que cómo hacía para retocar las mechas en casa, así que he querido desvelar mi rutina de emergencia en este nuevo Cosmoclip.

¿Cómo me hago las mechas en casa? Respuesta corta: no me las hago. Aunque yo soy la primera abanderada de que las mujeres disfrutemos de la autonomía y autosuficiencia que nos da el ser capaces de arreglarnos nosotras mismas el pelo, también estoy al tanto de nuestras limitaciones. Una cosa es aplicar un tinte casero y otra muy distinta hacer bien unas mechas. Este último proceso requiere de técnica y conocimientos, además de la habilidad de poder moverse en 360 grados alrededor de la cabeza en cuestión. Por algo cuestan lo que cuestan, y por algo ni siquiera las peluqueras más diestras se las suelen hacer ellas mismas.

¿Qué hacer entonces para poder estar presentables hasta que vuelvan a abrir los salones? Mi secreto es aplicar una mascarilla de color para oscurecer las mechas y que el contraste no sea tan llamativo con el color de mis raíces. En mi último vídeo os muestro todo el proceso paso a paso.

Ver en Cosmo trucos para teñirte en casa

La mascarilla que estoy usando es la Nutri Color Crème 3-in-1 cocktail de Revlon, en el tono 713. Mi tono natural sería más un 712, pero esta gama no lo tiene disponible y me gusta el acabado dorado que me deja el 3. Los primeros días da la sensación de que se queda un poco cobrizo —tal y como se puede apreciar en el vídeo—, pero tras un par de lavados el subtono cobrizo desaparece y se queda un rubio oscuro dorado que me gusta mucho.

Nutri color 713 Revlon 3 in 1

Como no dura mucho, si en cualquier momento volviéramos a la normalidad —¡bendito optimismo!— y reabrieran las peluquerías, podría volver si quisiera a mis mechas. Pero también podría mantenerlo de forma indefinida fácilmente: aunque en el vídeo me veas aplicármelo concienzudamente como si fuera un tinte, eso solo lo hago la primera vez. A partir de ahí basta con aplicar un poco una o dos veces por semana al lavarlo como si fuera una mascarilla hidratante normal para mantener el color. Además, al mismo tiempo que refrescamos el color, estaremos cuidando y tratando nuestro cabello.

Aunque pensaba que al principio se me haría raro volver a llevar el pelo más oscuro, lo cierto es que me he acostumbrado enseguida y ahora me encanta y me estoy planteando seriamente dejar de teñirme en la peluquería, al menos hasta que empiecen a salirme canas.

¿Cómo estáis haciendo vosotros para tener el pelo presentable estos días? ¿Habéis cometido ya alguna locura capilar?

Trucos para disimular raíces de tinte y mechas

Cómo disimular las raíces del tinte o mechas

Lo que más me gustaba de mi balayage era lo poco exigente que era en cuestión de mantenimiento: podía pasarme tranquilamente tres o cuatro meses sin poner el pie en la peluquería. El degradado estaba tan bien hecho que el crecimiento de mis raíces se integraba de maravilla con el resto del color.

Pero la estilista que me hacía el balayage dejó de trabajar en la peluquería a la que voy, y la que me atiende ahora es más de las de mechas normales de toda la vida. Así que, a raíz de que en un momento dado yo le pedí un poco más de luz alrededor de la cara, no sé cómo, cuándo ni por qué, he terminado por perder del todo el degradado que tenía desde mi rubio natural para acabar adoptando un rubio casi nórdico en toda la melena.

Que me gusta, no me malinterpretéis, pero es que a la velocidad a la que me crece a mí el pelo normalmente me tocaría pasar por la peluquería todos los meses si me pusiera demasiado exigente con el tema de las raíces —no quiero ni imaginarme lo engorroso que va a ser todo esto cuando empiecen a salirme canas—.

Como de momento me da mucha pereza lo de tener que ir a retocar las raíces tan a menudo, intento aguantar al menos dos meses, o incluso algo más si puedo, y entre visita y visita tiro de algunos trucos con los que disimular un poco el corte a medida que va creciendo el cabello. ¡Espero que os resulten útiles!

Ver en Cosmo cómo disimular raíces de tinte o mechas

El pelo largo como hobby

Actrices rapadas
Si alguna lleva tanto tiempo como yo dejándose el pelo largo seguramente sabrá lo que son esos episodios ligeramente psicóticos en los que una está a un tris de coger las primeras tijeras que encuentre por la casa y esquilarse la cabeza sin piedad alguna. El desencadenante puede ser un nudo persistente a la altura de la nuca que se niega a ser desenredado, o una jugarreta del agua caliente central de tu edificio cuando tienes la melena totalmente enjabonada y aún te quedan por aplicar el acondicionador y la mascarilla.

Es en esos dramáticos momentos en los que no puedes evitar hacer balance del tiempo y dinero que empleas en algo tan absurdo como el pelo. En mi caso por ejemplo me he dado cuenta de que mis maravillosas mechas en Mirache me salen, entre corte y color, por unos 120 euros. Dado que paso por allí cada dos meses, mi gasto anual en peluquería asciende a la nada despreciable suma de 720 euros al año.

Entre champú, acondicionadores, mascarillas varias, serums, espumas, queratinas y demás, se me va una media de unos 30 euros al mes (tirando muy por lo bajo, que conste), ya que al tener el pelo tan largo necesito mucha cantidad de cualquier producto que esté utilizando. Y solo este año llevo unos 100 euros gastados en accesorios varios para moños y recogidos (¡maldito Claire’s!). No incluyo entre los gastos el coste de secadores, planchas para alisar, tenacillas para rizar, etc. porque se supone que no existe cuarto de baño femenino que no los atesore independientemente de la longitud de la melena.

La suma total asciende a unos 1.180 euros anuales. Se me caen los lagrimones de pensar que cada año se me va un viaje al Caribe con todo incluido por el desagüe de la bañera.  Sigue leyendo “El pelo largo como hobby”