Cuarto de baño sin plásticos

Cómo librarte de una vez por todas de los envases de plástico en tu cuarto de baño

En el vecindario en el que vivo pasan a recoger el reciclaje una vez por semana, los miércoles por la mañana. No es como en España, que uno puede ir cualquier día con su bolsa al contenedor correspondiente para quitarse de en medio los envases de vidrio o plástico que tenga por casa. Toca guardarlos durante toda la semana, y a veces en las casas pequeñas eso supone tener que andar jugando al Tetris en algún armario o trastero, o incluso en la propia cocina.

Pero el lado positivo es que, cada vez que hago la compra en el supermercado ahora me lo pienso dos veces antes de comprar algo que venga en bandeja de plástico, y siempre intento encontrar otros productos alternativos. Aunque solo sea por el egoísmo de no tener que andar bregando con el reciclaje en casa durante toda la semana, pero lo importante es que el efecto es positivo en el medio ambiente.

Champú sólido de Lush

Desde hace tiempo y por cuestiones prácticas a la hora de viajar con equipaje de mano me he pasado a los champús y acondicionadores en pastilla. Empezó siendo solo un truco para saltarse las dichosas restricciones referentes a los líquidos al viajar en avión, pero la verdad es que me parece un formato muy práctico para este tipo de producto. Y como estaba segura de que tenía que haber también otras soluciones similares para otros productos cosméticos, me propuse hace algún tiempo llegar a tener un cuarto de baño lo más libre posible de plásticos. Y justo la semana pasada me crucé en Facebook con este vídeo al respecto que me ha dado algunas ideas y que hoy quiero compartir con vosotros.

Moda sostenible

Fast fashion: contaminante para el medio ambiente y tóxica para tu piel

Es muy difícil decir no a la fast fashion, del mismo modo que es difícil resistirse a devorar de vez en cuando un Big Mac o similar con sus consiguientes patatas fritas. Sabes que es malo para tu salud y para tu dieta, pero la justificación de que es barato y la facilidad con que lo podemos conseguir disipan todo rastro de culpabilidad incluso antes de que nos dé tiempo de sentarnos a la mesa.

En lo referente a la ropa hay incluso más factores que nos empujan a olvidarnos de las consecuencias de comprar demasiado barato. Por un lado el ritmo incesante y exigente al que cambian las tendencias. Hemos pasado de tener cuatro temporadas al año a tener cadenas que sacan nuevas colecciones prácticamente cada mes, o incluso a veces cada semana, a una velocidad que es también difícil de seguir tanto para quienes disfrutan de ir siempre a la última como para marcas más pequeñas, que no dan abasto para producir a la misma velocidad que las grandes. Continue reading “Fast fashion: contaminante para el medio ambiente y tóxica para tu piel”

Live Big in a Tiny House - School Bus

Querrás vivir en este autobús después de ver este vídeo

Hace algún tiempo os hablaba de mi peculiar obsesión con las casas pequeñas en general y las auto caravanas en particular, y compartía con vosotros un par de canales de YouTube sobre el tema a los que soy totalmente adicta. Hoy quiero mostraros como curiosidad un vídeo precisamente de uno de estos canales en el que una pareja, decidida a encontrar una forma de vida más libre y sostenible, vendió su casa e invirtió sus ahorros para convertir un autobús escolar en su nuevo hogar, y viven desde hace un año en él junto con su hija de dos años.

Obviamente este tipo de vida tiene ciertas limitaciones a las que hay que acostumbrarse; reconozco que yo no sería capaz de habituarme a tener un dormitorio —y un armario— tan pequeñito. Pero cada vez que veo uno de estos vídeos no puedo evitar pensar que tenemos muchísimas, muchísimas más cosas de las que necesitamos en realidad. Y que quizá una dosis de minimalismo de vez en cuando no nos vendría mal.

Los libros nuevos no huelen a tinta

iPad ebook vs libros

Aunque siempre me ha gustado considerarme una amante incondicional de la tecnología, he de reconocer que en el caso de los libros electrónicos me debatía hasta hace poco en una especie de amor-odio tan pendular como extremista. Cuando ya la mayoría de mi familia, una pandilla de adictos sin control a cualquier tipo de gadget, hacían buen uso de sus respectivos ebooks, yo aún me aferraba de forma nostálgica a los libros de papel, convirtiendo en mi himno la consabida retahíla del placer de pasar las páginas, o de disfrutar del olor a tinta de un libro nuevo.

Sin embargo, ni todos los romanticismos del mundo podían hacer frente al argumento destructor de que para imprimir libros hace falta talar árboles. Eso por no hablar de otros motivos algo más egoístas pero que a mí me seducían bastante más, como el hecho de poder llevar encima miles de libros y saltar de uno a otro en un mismo trayecto de Metro, sin que el peso del bolso me causara algún tipo de escoliosis.

A pesar de que la tentación era grande, mis convicciones lo eran aún más, así que hicieron falta ocho mudanzas para convencerme de algo de lo que ni toda mi familia había sido capaz. Las tres primeras fueron muy seguidas nada más llegar a Madrid, y no me dio tiempo de acumular demasiados libros, pero a partir de la cuarta la cosa se complicó un poco. No es de extrañar que una voraz lectora como yo hubiera atesorado en apenas un año dos maletas de tipo familiar llenas de novelas tanto en edición de bolsillo como de tapa dura. Aunque aprovechaba cada viaje a casa de mi madre para dejar allí tantos como podía, de manera inexplicable los volúmenes volvían a multiplicarse, y llenaban cajas y cajas cada vez que me tocaba volver a cambiar de piso.  Continue reading “Los libros nuevos no huelen a tinta”