Podcast Amigas Es Mejor

¡Azu y yo tenemos un podcast!

Nuestro plan original era emitir en forma de vídeos en directo esas charlas informales que Azu y yo tenemos frente al ordenador, té en mano y desde dos países diferentes, un par de veces por semana. Pero después de varias pruebas y algún que otro imprevisto técnico, nos inclinamos finalmente por compartir dichas charlas en las que arreglamos el mundo a nuestra manera en forma de podcast.

El podcast, además de ser un formato que está cada vez más en auge más allá del endogámico mundillo del marketing, tiene muchas ventajas frente a los vídeos en directo. La principal es que no tenemos que peinarnos. A nosotras con eso ya nos ha convencido. Podemos estar totalmente relajadas, en pijama, sin maquillar y con el pelo recogido en un moño mal hecho, y centrarnos solo en nuestras ocurrencias —que, no nos engañemos, suelen ser bastante bastante descabelladas demasiado a menudo—.

Porque de lo que se trata es de compartir contigo esos trocitos de nuestra intimidad, y no hay intimidad verdadera que valga si uno está concentrado en mantener una pose.

Así que entre unas cosas y otras ya tenemos en nuestro haber nada más ni nada menos que cuatro episodios de Amigas Es Mejor, disponibles en Ivoox (aunque estamos trabajando para llevarlos también a otras plataformas). En ellos hablamos de los temas más variopintos: desde cosas raras que hemos hecho por culpa del confinamiento hasta cosas que nos llevaríamos a una isla desierta, pasando por un intenso debate sobre tipos de pijamas o cada cuánto hay que echarlos a lavar según estudios científicos.

Si vas a salir a andar y te apetece darle un respiro a tus clásicas listas de música de Spotify, ¡llévanos contigo! También puedes escucharnos mientras te preparas la cena o pasas la aspiradora, o simplemente mientras te tomas algo fresquito en el balcón de tu casa disfrutando de los últimos rayos de sol. Somos buena compañía en casi cualquier situación, ya lo verás. Solo tienes que hacer click en la imagen que hay debajo de este texto para comprobarlo.

¡Descubre nuestro podcast en Ivoox!
¡Haz click en la imagen para ir al podcast!

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No pasa nada por no querer hacer nada

No pasa nada por no querer hacer nada

Casi un mes sin pasar por aquí, pero no porque no lo haya intentado. Cada vez que abría el editor de WordPress me quedaba bloqueada, sin saber muy bien sobre qué era apropiado o no escribir en esta situación. Por un lado las temáticas que suelo tratar de forma habitual en el blog me parecían frívolas y absolutamente fuera de lugar, pero por otro entiendo que bastante bombardeo tenemos en los medios con la pandemia como para ponerme yo aquí a hablar de nada relacionado con el tema. Y tampoco es que yo tuviese demasiado que aportar al respecto.

Los primeros días no estaba tan desanimada: después de tantos años trabajando desde casa, pensé que quizá podría publicar algunos consejos para quienes se habían visto de repente obligados a convertir el salón en su oficina. A decir verdad mi rutina diaria no se diferencia demasiado de esta cuarentena, especialmente durante los meses de invierno, ya que gracias al clima británico puedo pasarme perfectamente semanas enteras sin salir de casa más que para sacar la basura.

Y por otro lado no me avergüenza admitir que incluso me entusiasmé con la idea de usar el tiempo que me iba a quedar tras cancelar mi escasa vida social para terminar libros y cursos que tenía pendientes. Mi intención no era otra que la de intentar ver el lado positivo de la situación y aprovechar al máximo los recursos a mi alcance.

Y sin embargo empezaron a pasar los días sin que yo consiguiese reunir las energías suficientes como para arrancarle algo coherente al teclado, o como para ponerme al día con todas esas lecturas y cursos atrasados. La apatía hacía que me pasara el día en pijama, tomando chocolate caliente y alternando partidas de Hearthstone con horas de scroll infinito en mi timeline de Twitter. Dejé incluso de entrar a Instagram porque me deprimía compararme con esa gente que en cuarenta y ocho horas de cuarentena ya había ordenado todos los armarios de su casa, había aprendido tres recetas nuevas en YouTube y además había tenido tiempo de hacer una rutina de yoga diferente cada día.

Mi falta de productividad me hacía sentirme culpable, y esa culpabilidad crecía de forma exponencial cuanto más reflexionaba sobre el hecho de que no tenía motivos reales para estar tan desanimada. Mi familia y mis amigos tienen buena salud, me encanta estar en casa y, aunque mi piso no es excesivamente grande, sí que es muy cómodo. No tenía ni tengo motivos para quejarme ni sentirme desafortunada, y como ya os imaginaréis, ser consciente de ello alimentaba aún más mi sentimiento de culpa.

Tras varios días de darle muchas vueltas a todo y de navegar sin rumbo fijo por redes sociales, acabé dando con algunos artículos interesantes sobre el duelo y el luto, y descubrí que podemos pasar por estos procesos emocionales incluso aunque no haya fallecido ninguno de nuestros seres queridos.

En esta situación por ejemplo es posible estar de duelo por haber perdido parte de nuestra libertad, o porque sentimos que nos han arrebatado la que esperábamos que fuese nuestra vida durante estos meses, o nuestros planes y viajes. Asumíamos que nuestra rutina iba a transcurrir de una manera más o menos previsible y de golpe y porrazo nos hemos quedado sin muchísimas cosas que dábamos por sentado.

A la mayoría de las personas se nos da regular lo de lidiar con la incertidumbre, y ahora tenemos que enfrentarnos al hecho de que no tenemos ni idea de cuánto va a durar nuestra situación, ni de cómo acabará. La pandemia nos ha robado esa falsa sensación de seguridad que impulsaba nuestro día a día. Ahora nos damos cuenta de que estamos más desprotegidos de lo que pensábamos, de que no somos tan invencibles ni tan independientes. De que necesitamos del esfuerzo y la colaboración de otros seres humanos para algo tan básico como tener un plato de comida caliente o las medicinas más imprescindibles. El COVID-19 ha sido una verdadera bofetada para ese individualismo egoísta que había ido aflorando durante la última década. Tenemos que ayudarnos unos a otros, todos podemos poner nuestro granito de arena para resolver cuanto antes este problema que nos atañe, aunque solo sea cumpliendo con la parte que nos toca de quedarnos en casa y no poner en peligro a otros.

Yo también puedo ayudar, de hecho ya lo estoy haciendo. Y de repente el confinamiento no pesa tanto si se tiene bien a la vista el por qué, el propósito. Puede que nuestra aportación no sea tan heroica como la de los sanitarios que se la juegan en los hospitales atendiendo a enfermos sin las protecciones adecuadas. Pero estamos salvando a gente. Tú y yo. Por cada día que nos quedamos en casa hay miles de personas que no se contagian y otras tantas que se libran de acabar en la UCI.

Me siento un poco mejor al ser consciente de ello, aunque eso no borra del todo mi duelo por esa vida que sabemos que no volverá a ser la misma ni siquiera cuando todo esto acabe. Así que decido perdonarme. Decido dejarme pasar los días acurrucada bebiendo chocolate caliente y viendo series. No pasa nada por no querer hacer nada, es perfectamente normal dadas las circunstancias.

Y es justo después de perdonarme a mí misma cuando empiezo a despertar del letargo, y cuando empiezan poco a poco a volverme las ganas. Un día me levanto y hago un poco de ejercicio. Otro día hago limpieza, ordeno mi armario. Vuelvo a leer, empiezo a fantasear con futuros planes para cuando pase la tormenta, sea este verano o el próximo otoño. Abro WordPress y escribo.

Llevo fatal mis propósitos para el 2019

Llevo fatal mis propósitos para el 2019

Queda poco para dejar atrás la primera mitad del 2019, y es más o menos en esta época del año cuando hago la primera reflexión respecto a los objetivos que me marqué allá por enero. En esta ocasión me lo voy a tomar con todo el humor que pueda porque mi trayectoria está siendo bastante desalentadora prácticamente en todos los propósitos que esperaba ser capaz de cumplir.

Y he pensado que quizá sea buena idea compartir aquí mi falta de voluntad para ver si así me doy un poco de vergüenza y me pongo las pilas para enderezar la cosa de aquí a que termine el año.

Mi primer propósito era ser más constante con la escritura, tanto aquí en el blog como en la novela en la que empecé a trabajar cuando me mudé a Torquay. Respecto al blog no puedo ni siquiera intentar disimular, porque a la vista está que no estoy publicando tanto como me gustaría últimamente. Y con la novela llevo una temporada un poco atascada con uno de los puntos de la trama y este atasco hace que me plantee la posibilidad de borrar algunas cosas que llevaba escritas para volver a reescribirlas con un enfoque diferente. Pero claro, ya os imaginaréis la pereza que me da.

Llevo fatal mis propósitos para el 2019

Debo decir, en mi defensa, que la boda —voy a celebrar mi boda en un crucero dentro de dos semanas— me ha quitado al final más tiempo del que había previsto en un principio. No encontré ningún vestido que me gustara en la ciudad en la que vivo y me ha tocado estar viajando a otro sitio para las pruebas y demás parafernalia. Mi idea original era la de celebrar una boda sencilla que no me diera demasiados quebraderos de cabeza, pero —oh, sorpresa— parece que eso no existe. Mucho me temo que boda y sencilla son términos por naturaleza contradictorios.

Respecto a los propósitos de hablar a menudo con mi familia y mis amigas, y el de mejorar mi inglés, no voy del todo mal. Aunque lo de revisitar la gramática inglesa sigue siendo una de esas cosas que no me canso de posponer con cualquier excusa absurda. Igual después de la boda consigo ponerme con ello.

Me había propuesto leer al menos veinticuatro libros este año, así que a estas alturas debería llevar ya ocho leídos. Pero la realidad es que solo he terminado tres y que tengo otros dos a medias. La culpa la tiene —además de la boda, claro está— David Mitchell. Su libro El atlas de las nubes es uno de mis libros favoritísimos, así que después de leer el año pasado otras dos novelas suyas, este año estaba emocionada por leer Escritos fantasma, porque había oído por ahí que tiene ciertas similitudes con El atlas de las nubes. Pero Escritos fantasma se me ha atragantado ya que las tramas son muchas y muy confusas, y la relación entre ellas está un poco cogida con alfileres. Llevo ya más de la mitad leída, pero me cuesta mucho ponerme y estoy en ese punto en que me planteo abandonar el libro. He probado a dejarlo aparcado y leer otros más cortitos a modo de descanso, pero debo de tener algún tipo de trastorno porque me pone muy nerviosa eso de tener dos libros empezados al mismo tiempo. A ver si decido pronto qué hacer con este libro y a ver si tengo suerte y me engancho con los próximos que empiece y consigo coger ritmo para acercarme al menos a la meta de veinticuatro libros leídos.

Este año pretendía completar mi proyecto de grabar al menos un segundo al día a modo de videodiario, pero me sigue pasando lo mismo de siempre y me olvido por completo de mi móvil cuando estoy haciendo cosas interesantes. No tengo remedio.

Dejar de comer carne es mejor para la salud y para el medio ambiente

Lo de comer menos carne es lo único con lo que estoy teniendo un éxito razonable, ya que he conseguido reducir el consumo a una vez por semana, o incluso menos que eso en varias ocasiones. No ha sido fácil porque Edu, como buen argentino que es, no está dispuesto a renunciar a comer carne y eso quiere decir que la mayoría de los días me toca preparar dos menús diferentes, uno para él y otro para mí. Pero con un poco de organización es posible. Y de hecho debo añadir que las pocas veces que he comido carne ha sido porque ha sobrado algo de lo que había preparado para Edu y me parecía un desperdicio tirarlo.

Mi último propósito para este año era el de volver a patinar, pero el tiempo y las circunstancias no han estado muy de mi parte. O bien amanecía lloviendo los días que tenía libres y podía salir a hacerlo, o justo teníamos otros planes para cuando el buen tiempo acompañaba. Supongo que será más fácil durante los meses de verano. Y estoy especialmente motivada ahora que he descubierto que, no solo comparto afición con Agatha Christie, sino que además ella —que veraneaba por estos lares— también solía patinar en el mismo sitio en el que lo hago yo. Casualidades de la vida.

Agatha Christie patinando en el pier de Torquay

Espero que este post de la vergüenza me espolee lo suficiente como para hacer acopio de fuerza de voluntad y enderezar este asunto de mis propósitos para el 2019 antes de que sea demasiado tarde. ¿Y vosotros? ¿Cómo lo lleváis?

Feliz 2018

Hola, 2018

Desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que el año empieza realmente en otoño, como si aún siguiera midiendo la vida en función de los años escolares. Quizá por eso no me sale de forma natural lo de ponerme a hacer evaluación sobre los logros conseguidos cuando llega diciembre, ni me tomo demasiado en serio lo de marcarme una serie de propósitos para arrancar con el mes de enero.

Cuando llegan estas fechas yo ya estoy inmersa en mis nuevos objetivos, aunque no por eso deje de darle mentalmente la bienvenida a los nuevos dígitos del calendario. Y sí que aprovecho para hacer un poco de examen de conciencia y ver si las metas que me marqué al empezar el otoño van por buen camino.

Para este año escolar en curso me había propuesto sobre todo dos cosas: terminar la novela de ciencia ficción en la que llevo trabajando desde que me mudé a Reino Unido y compensar el sedentarismo de las horas frente al ordenador volviendo a llevar una vida más activa. Esto último de momento va bien: me apunté a un gimnasio estupendo de Torquay en septiembre e intento ir de forma regular —a excepción de estas últimas semanas, que entre las vacaciones y la preparación de mi inminente mudanza han sido un poco caóticas—. Gracias a que este gimnasio tiene dos piscinas cubiertas estupendas he podido recuperar la afición a uno de mis deportes favoritos, la natación, que combino con rutinas de cardio y algo de pesas. Sigue leyendo “Hola, 2018”

Begin Again destacada

Empezar de nuevo

Hoy me salgo un poco de lo habitual para recomendaros una película que vi este verano y que he vuelto a ver esta semana, y cuya banda sonora —aunque no sea muy extensa— se ha convertido en una de mis listas favoritas de Spotify. Se trata de Begin again, protagonizada por Keira Knightley y Mark Ruffalo, y dirigida por John Carney. No es ningún estreno ni nada parecido; tiene ya un par de años pero yo la descubrí por casualidad un día que deambulaba por Netflix sin saber qué ver.

Begin again Keira y Mark

Begin again parece una película modesta y sin pretensiones, o puede que esa fuera mi sensación puesto que la primera vez la vi sin ningún tipo de expectativas al respecto. Pero dentro de su sencillez tiene algo que te atrapa, y que te hace rememorar alguna de sus escenas una y otra vez, horas después de haber terminado de verla. Sigue leyendo “Empezar de nuevo”

Saliendo de mi zona de confort

Saliendo de mi zona de confort

Os escribo estas líneas desde una de las cubiertas del Pont-Aven, el Ferry que hace el trayecto desde Santander hasta Plymouth. A diferencia de mi travesía a bordo del Costa Fascinosa de hace unos meses, en esta ocasión no se trata de un viaje de vacaciones. Mi coche va en una de las bodegas, cargado con varias maletas y mi material de trabajo —portátiles, un par de focos y trípodes y demás cacharrería de videoblogger—.

Mientras preparaba el equipaje no estaba segura de ser capaz de simplificar lo suficiente como para llevarme solo lo estrictamente necesario, pero al final lo he conseguido. Como mujer en general y bloguera de moda en particular, me ha costado lo indecible despedirme —aunque solo sea de forma temporal— de muchos de mis bolsos y zapatos favoritos: ¡todo un drama!

Pero lo mejor de ser nómada digital es lo poco que hace falta para dar el salto y empezar de cero en otra ciudad, en otro país. Hace falta poco de lo material, pero también hace falta mucho de otras cosas: valor, ilusión, ganas de pasarlo bien, de aprender y de reinventarse. Y quizá también un poco de temeridad.

Embarcando en el Ferry a Plymouth

Porque está muy de moda hablar de aquello de salir de la zona de confort, pero una cosa es hablar de ello y otra muy distinta liarse la manta a la cabeza y acatarlo con todas sus consecuencias. Y eso es precisamente lo que he querido hacer yo ahora que me ha surgido la oportunidad de pasar una temporada en Inglaterra, concretamente en Torquay.

Algunas cosas no cambiarán: seguiréis viendo mis Cosmoclips cada semana, y seguiré publicando por aquí como siempre y viajando a Madrid de forma regular. Pero os encontraréis en la sección de viajes del blog nuevos posts en los que os mostraré los rincones con encanto que vaya descubriendo en Torquay y en otros pueblecitos y ciudades de la zona.

Pero sobre todo lo que quiero hacer es centrarme en escribir, porque desde hace unos meses estoy trabajando en una idea que me rondaba la cabeza para una pequeña novela, pero con el ritmo de vida que llevaba no encontraba ni el tiempo ni la concentración necesaria para dedicarme a ello.

Así que ese es mi plan de vida para los próximos meses: escribir, descubrir la zona suroeste de Inglaterra y desempolvar un poco mi inglés antes de que termine por oxidárseme del todo. Y os iré contando todos los detalles por aquí, por si os apetece acompañarme en este viaje.

Propósitos 2016

Mis propósitos para 2016

Propósitos 2016

Como cada año por estas fechas llega el momento de hacer revisión del año que termina para ver qué objetivos hemos cumplido y cuáles se han quedado por el camino, y de establecer las nuevas metas hacia las que apuntar a lo largo del 2016.

El año pasado intenté ser realista y solo me propuse para el 2015 cuatro objetivos que me parecieron bastante asequibles. Eran cosas que dependían exclusivamente de mí y de mi esfuerzo. De esos cuatro objetivos al final solo he conseguido cumplir tres; no es el 100% pero al menos sí que he cumplido los tres que consideraba más importantes.  Sigue leyendo “Mis propósitos para 2016”