Consejos para teñirte en casa durante la cuarentena

Cómo cubrir temporalmente las mechas para evitar el efecto raíz

Empecé a teñirme durante mi adolescencia, así que puedo decir que he pasado más años de mi vida con colores de pelo producto de la química que con mi tono natural. He recorrido varias veces todo el espectro que abarca la carta de coloraciones de cualquier peluquería, desde el negro azabache hasta el rubio platino, pasando también en varias ocasiones por los colores de fantasía.

Por norma general siempre he preferido ponerme en manos de un buen estilista, especialmente para los cambios más radicales. Pero también he tenido temporadas —por ejemplo al mudarme a alguna nueva ciudad— en las que no encontraba ninguna peluquería que me convenciese y pasaba a teñirme yo misma en casa e incluso a cortarme las puntas o el flequillo. Así que algo de experiencia tengo también en la materia, aunque solo sea una amateur.

Durante los dos últimos años, dejando aparte mi lapsus de ponerme el pelo rosa las pasadas navidades, me he mantenido fiel a unas mechas que empezaron siendo un balayage para terminar convirtiéndome en rubia-rubísima.

Y justo esta semana me hubiera tocado ya mi cita para retocar las raíces, pero obviamente a causa del confinamiento las peluquerías siguen cerradas. Algunas lectoras me habían preguntado que cómo hacía para retocar las mechas en casa, así que he querido desvelar mi rutina de emergencia en este nuevo Cosmoclip.

¿Cómo me hago las mechas en casa? Respuesta corta: no me las hago. Aunque yo soy la primera abanderada de que las mujeres disfrutemos de la autonomía y autosuficiencia que nos da el ser capaces de arreglarnos nosotras mismas el pelo, también estoy al tanto de nuestras limitaciones. Una cosa es aplicar un tinte casero y otra muy distinta hacer bien unas mechas. Este último proceso requiere de técnica y conocimientos, además de la habilidad de poder moverse en 360 grados alrededor de la cabeza en cuestión. Por algo cuestan lo que cuestan, y por algo ni siquiera las peluqueras más diestras se las suelen hacer ellas mismas.

¿Qué hacer entonces para poder estar presentables hasta que vuelvan a abrir los salones? Mi secreto es aplicar una mascarilla de color para oscurecer las mechas y que el contraste no sea tan llamativo con el color de mis raíces. En mi último vídeo os muestro todo el proceso paso a paso.

Ver en Cosmo trucos para teñirte en casa

La mascarilla que estoy usando es la Nutri Color Crème 3-in-1 cocktail de Revlon, en el tono 713. Mi tono natural sería más un 712, pero esta gama no lo tiene disponible y me gusta el acabado dorado que me deja el 3. Los primeros días da la sensación de que se queda un poco cobrizo —tal y como se puede apreciar en el vídeo—, pero tras un par de lavados el subtono cobrizo desaparece y se queda un rubio oscuro dorado que me gusta mucho.

Nutri color 713 Revlon 3 in 1

Como no dura mucho, si en cualquier momento volviéramos a la normalidad —¡bendito optimismo!— y reabrieran las peluquerías, podría volver si quisiera a mis mechas. Pero también podría mantenerlo de forma indefinida fácilmente: aunque en el vídeo me veas aplicármelo concienzudamente como si fuera un tinte, eso solo lo hago la primera vez. A partir de ahí basta con aplicar un poco una o dos veces por semana al lavarlo como si fuera una mascarilla hidratante normal para mantener el color. Además, al mismo tiempo que refrescamos el color, estaremos cuidando y tratando nuestro cabello.

Aunque pensaba que al principio se me haría raro volver a llevar el pelo más oscuro, lo cierto es que me he acostumbrado enseguida y ahora me encanta y me estoy planteando seriamente dejar de teñirme en la peluquería, al menos hasta que empiecen a salirme canas.

¿Cómo estáis haciendo vosotros para tener el pelo presentable estos días? ¿Habéis cometido ya alguna locura capilar?

Trucos para doblar vaqueros y sudaderas

Cómo doblar vaqueros y sudaderas para que no se arruguen y ocupen poco espacio

Ya he superado la fase del confinamiento de ordenar el armario y de ella puedo extraer dos conclusiones: que tengo muchos más vaqueros de los que necesito en realidad y que siempre me acabo poniendo uno de mis dos pares favoritos.

Al menos desde que he aprendido a doblarlos en condiciones ya no me ocupan tanto espacio en el armario, y ahora que los he colocado todos en vertical y los tengo más a la vista al abrir el cajón, espero ir sacándole más partido a algunos que tenía un poco olvidados —siempre y cuando los kilos de más atesorados durante la cuarentena me permitan seguir entrando en ellos—.

Si estás pasando ahora por la fase de ordenar tu ropa igual te apetece echarle un ojo a este Cosmoclip en el que muestro paso a paso varias formas de doblar los vaqueros y sudaderas para que no se arruguen y para que ocupen poco espacio, ya sea en el armario o en la maleta, cuando quiera que sea que nos dejen viajar otra vez. ¡Mucho ánimo con el confinamiento, ya nos queda menos! 🙂

 

Trucos para delinear los ojos

2 trucos para delinearte los ojos si no tienes buen pulso

Tengo la sensación de que mis amigas y conocidas se dividen en dos grupos bien diferenciados durante estos días de cuarentena. Por un lado están las que han abrazado con fervor lo de pasarse los días en pijama, con un messy bun y sin una gota de maquillaje, pero por otro también veo a quienes se han puesto de repente a hacer experimentos con todos esos productos que se han encontrado al ordenar el cuarto de baño y están ahora siguiendo tutoriales como quien hace un master online.

A mí cualquier de las dos opciones me parece estupenda. Yo misma podría saltar de un grupo a otro, según el día. El maquillaje puede ser un pasatiempo muy divertido, y nada como aprovechar la coyuntura para aprender y poner en práctica los clásicos trucos de las grandes gurús de la cosmética en YouTube.

Yo no soy gurú de nada, y mucho menos de maquillaje, pero tengo siempre algún truco guardado en la manga que me ayuda a disimular un poco lo torpe que puedo llegar a ser para tantas cosas. Una de las cosas que se me dan fatal es lo de delinearme los ojos, ¡no tengo pulso ninguno!

Pero he aprendido estas dos sencillas técnicas con las que consigo un resultado bastante decente cuando me lo propongo, y que espero que a ti también te sirvan.

Ver en cosmo 2 trucos para delinear los ojos

Decálogo para trabajar en remoto

Mi decálogo para ayudarte a trabajar desde casa durante la cuarentena

Después de ocho años como nómada digital creo que tengo algo de experiencia en lo de trabajar lejos de la oficina. Al principio cumplía a pies juntillas el cliché de pasarme los días escribiendo desde cafeterías monas y muy instragrameables mientras tomaba cantidades ingentes de chai lattes, supongo que porque el hecho de estar rodeada de extraños enfrascados en sus propias conversaciones sustituía en parte al aspecto social que me estaba perdiendo por trabajar en remoto.

También tiene algo que ver el que en mis anteriores apartamentos no fuera capaz de encontrar el lugar idóneo para trabajar de forma cómoda —sobre todo en el anterior al actual, en el que la única habitación que podía destinar a ello era tan diminuta que resultaba incluso claustrofóbica, con todo el lío de focos, fondos, trípodes y demás parafernalia que suelo tener siempre de por medio para grabar—. Por eso a la hora de escribir o editar casi siempre prefería buscar alguna cafetería con WiFi cerca de casa.

Las cosas han cambiado en ese sentido desde mi última mudanza, así que hoy quiero contarte cuáles han sido esos pequeños trucos, ideas o gestos que me han ido facilitando cada vez más la tarea de trabajar desde casa.

Teletrabajo durante la cuarentena

1. Prepara un rincón exclusivo para ello que te haga ponerte en modo trabajo. Ya sé que no siempre es fácil, sobre todo si te toca compartir vivienda con compañeros de piso u otros miembros de tu familia. No hace falta que tengas tu propio despacho —aunque de ser así, mejor que mejor—, sino que se trata de encontrar un hueco en el que puedas concentrarte. Puedes hacerte con una mesa plegable y montarla en una esquina del salón o de tu dormitorio, idealmente cerca de alguna ventana para disfrutar de los beneficios de la luz natural. Evita trabajar desde la cama o el sofá, por muy tentador que parezca. Por higiene mental es mejor que tu cabeza sepa diferenciar perfectamente cuándo toca trabajar de cuándo toca relajarse viendo Netflix.

2. Intenta marcarte un horario y respetarlo. Si en tu empresa ya te lo marcan entonces no tienes que preocuparte de este aspecto. Pero si eres freelance como yo vas a necesitar un poco de autodisciplina. A mí me gusta mucho trabajar por la noche porque me va la cabeza mucho más rápido y además toda mi comunicación relacionada con temas laborales suelo hacerla por email, así que no tengo por qué estar disponible en horario comercial. Esto me permite despertarme tarde y sin necesidad de despertador —sobre las 10:00h—, dedicar el resto de la mañana a ir al gimnasio (obviamente me refiero a antes de que empezara la cuarentena) y hacer las tareas domésticas, y ya ponerme a trabajar cuando termino de comer. Después hago una pausa para cenar con mi pareja y ver alguna serie, y vuelvo a trabajar, normalmente hasta las dos o las tres de la madrugada. Mi vida puede parecer un poco caótica vista desde fuera, pero la verdad es que tengo una rutina bastante marcada y eso me ayuda mucho para organizarme.

3. No trabajes en pijama. Reconozco que yo misma me he saltado esta regla alguna que otra vez, y es que resulta muy tentador eso de no tener que vestirse, sobre todo si ese día no nos toca hacer ninguna videollamada. No digo que tengamos que vestirnos como si fuésemos a ir de verdad a la oficina. Pero arreglarse un poco también nos ayuda a ponernos en ese estado mental adecuado para rendir más. A mí antes no me costaba tanto porque al fin y al cabo solía salir de casa por las mañanas, a veces para hacer la compra y a veces para comer en algún restaurante. Pero desde que empezó la cuarentena he tenido que renegociar este aspecto conmigo misma, y ahora lo que hago es que tengo pijamas de dormir y pijamas de día. Los pijamas de día suelen estar compuestos por pantalones de chándal y jerséis calentitos y esponjosos, cómodos como cualquier pijama, pero con cierta dignidad por si me toca hacer alguna videollamada improvisada.

4. Maquillaje, ¿sí o no? No hay consenso en este aspecto. Me consta que hay quienes se pintan los labios incluso aunque luego tengan que ponerse una mascarilla para ir a hacer la compra, y otros a quienes la pandemia les ha servido como excusa para relajarse un poco en ese sentido. Cada cual tiene que encontrar el tipo de rutina que mejor le haga sentir. En mi caso me he quedado en un punto intermedio: solo me maquillo si me toca grabar algún vídeo; el resto del tiempo únicamente me pongo crema hidratante, corrector de ojeras y un poco de colorete, por aquello de verme al menos buena cara.

5. No comas delante del ordenador. Del mismo modo que te desaconsejo que trabajes desde la cama, ahora te pido que, cuando hagas el descanso para comer —sea de quince minutos o dos horas— desconectes mental y físicamente del trabajo por completo. De otro modo la jornada de trabajo en remoto puede terminar siendo de diez o más horas antes de que te des cuenta, y empezarás a acumular cansancio que afectará a tu rendimiento laboral a medio y largo plazo.

6. Desactiva las notificaciones del móvil y silencia todos esos grupos de WhatsApp a los que no paran de llegar memes sobre el coronavirus o la metedura de pata del político de turno. También puedes configurar el modo no molestar de tu móvil —todos lo tienen— para que solo te notifique las llamadas y mensajes de ciertos números de teléfono.

7. Si te ha tocado hacer la cuarentena con niños en casa o si tienes vecinos muy molestos, invierte en unos auriculares con cancelación de ruido y evitarás muchísimos dolores de cabeza además de mejorar considerablemente tu concentración. También podrás reutilizarlos en aviones y trenes cuando por fin nos levanten el confinamiento y nos permitan viajar de nuevo.

8. No caigas en la tentación de pretender hacer las tareas domésticas al mismo tiempo que trabajas. Las tareas domésticas son ya un trabajo de por sí, y aunque de vez en cuando puedas poner una lavadora mientras respondes emails, lo único que conseguirás es mermar tu capacidad de concentración y terminarás necesitando más horas para hacer tu trabajo. Mejor organizarse y asignar tiempos determinados para cada cosa.

9. Mantén tu rincón de trabajo tan ordenado como puedas. Hasta hace no mucho yo me amparaba en eso que dicen de que las personas desordenadas son más creativas para justificar lo que en el fondo era solo pereza. Pero desde que intento llevar una vida un poco más minimalista, como tengo menos trastos en general, me resulta más fácil mantener el desorden a raya. Y eso se traduce en que no tengo que malgastar energías buscando un cuaderno o un determinado documento en una pila de folios encima de mi mesa, y puedo centrarme en terminar mi trabajo cuando antes.

10. Por último, si echas de menos el lado social de ir todos los días a la oficina aprovecha la tecnología para hacer videollamadas con tus compañeros de vez en cuando, o sincronízate con tu mejor amigo para hacer juntos una pausa a media mañana y tomaros juntos el café mientras charláis por Skype. De esta forma el aislamiento se te hará mucho más llevadero.

Espero que puedas aprovechar alguno de estos consejos, y si tienes algún truco de esos que facilitan la vida relacionado con trabajar desde casa, me encantaría que me lo contases en un comentario. 🙂

No pasa nada por no querer hacer nada

No pasa nada por no querer hacer nada

Casi un mes sin pasar por aquí, pero no porque no lo haya intentado. Cada vez que abría el editor de WordPress me quedaba bloqueada, sin saber muy bien sobre qué era apropiado o no escribir en esta situación. Por un lado las temáticas que suelo tratar de forma habitual en el blog me parecían frívolas y absolutamente fuera de lugar, pero por otro entiendo que bastante bombardeo tenemos en los medios con la pandemia como para ponerme yo aquí a hablar de nada relacionado con el tema. Y tampoco es que yo tuviese demasiado que aportar al respecto.

Los primeros días no estaba tan desanimada: después de tantos años trabajando desde casa, pensé que quizá podría publicar algunos consejos para quienes se habían visto de repente obligados a convertir el salón en su oficina. A decir verdad mi rutina diaria no se diferencia demasiado de esta cuarentena, especialmente durante los meses de invierno, ya que gracias al clima británico puedo pasarme perfectamente semanas enteras sin salir de casa más que para sacar la basura.

Y por otro lado no me avergüenza admitir que incluso me entusiasmé con la idea de usar el tiempo que me iba a quedar tras cancelar mi escasa vida social para terminar libros y cursos que tenía pendientes. Mi intención no era otra que la de intentar ver el lado positivo de la situación y aprovechar al máximo los recursos a mi alcance.

Y sin embargo empezaron a pasar los días sin que yo consiguiese reunir las energías suficientes como para arrancarle algo coherente al teclado, o como para ponerme al día con todas esas lecturas y cursos atrasados. La apatía hacía que me pasara el día en pijama, tomando chocolate caliente y alternando partidas de Hearthstone con horas de scroll infinito en mi timeline de Twitter. Dejé incluso de entrar a Instagram porque me deprimía compararme con esa gente que en cuarenta y ocho horas de cuarentena ya había ordenado todos los armarios de su casa, había aprendido tres recetas nuevas en YouTube y además había tenido tiempo de hacer una rutina de yoga diferente cada día.

Mi falta de productividad me hacía sentirme culpable, y esa culpabilidad crecía de forma exponencial cuanto más reflexionaba sobre el hecho de que no tenía motivos reales para estar tan desanimada. Mi familia y mis amigos tienen buena salud, me encanta estar en casa y, aunque mi piso no es excesivamente grande, sí que es muy cómodo. No tenía ni tengo motivos para quejarme ni sentirme desafortunada, y como ya os imaginaréis, ser consciente de ello alimentaba aún más mi sentimiento de culpa.

Tras varios días de darle muchas vueltas a todo y de navegar sin rumbo fijo por redes sociales, acabé dando con algunos artículos interesantes sobre el duelo y el luto, y descubrí que podemos pasar por estos procesos emocionales incluso aunque no haya fallecido ninguno de nuestros seres queridos.

En esta situación por ejemplo es posible estar de duelo por haber perdido parte de nuestra libertad, o porque sentimos que nos han arrebatado la que esperábamos que fuese nuestra vida durante estos meses, o nuestros planes y viajes. Asumíamos que nuestra rutina iba a transcurrir de una manera más o menos previsible y de golpe y porrazo nos hemos quedado sin muchísimas cosas que dábamos por sentado.

A la mayoría de las personas se nos da regular lo de lidiar con la incertidumbre, y ahora tenemos que enfrentarnos al hecho de que no tenemos ni idea de cuánto va a durar nuestra situación, ni de cómo acabará. La pandemia nos ha robado esa falsa sensación de seguridad que impulsaba nuestro día a día. Ahora nos damos cuenta de que estamos más desprotegidos de lo que pensábamos, de que no somos tan invencibles ni tan independientes. De que necesitamos del esfuerzo y la colaboración de otros seres humanos para algo tan básico como tener un plato de comida caliente o las medicinas más imprescindibles. El COVID-19 ha sido una verdadera bofetada para ese individualismo egoísta que había ido aflorando durante la última década. Tenemos que ayudarnos unos a otros, todos podemos poner nuestro granito de arena para resolver cuanto antes este problema que nos atañe, aunque solo sea cumpliendo con la parte que nos toca de quedarnos en casa y no poner en peligro a otros.

Yo también puedo ayudar, de hecho ya lo estoy haciendo. Y de repente el confinamiento no pesa tanto si se tiene bien a la vista el por qué, el propósito. Puede que nuestra aportación no sea tan heroica como la de los sanitarios que se la juegan en los hospitales atendiendo a enfermos sin las protecciones adecuadas. Pero estamos salvando a gente. Tú y yo. Por cada día que nos quedamos en casa hay miles de personas que no se contagian y otras tantas que se libran de acabar en la UCI.

Me siento un poco mejor al ser consciente de ello, aunque eso no borra del todo mi duelo por esa vida que sabemos que no volverá a ser la misma ni siquiera cuando todo esto acabe. Así que decido perdonarme. Decido dejarme pasar los días acurrucada bebiendo chocolate caliente y viendo series. No pasa nada por no querer hacer nada, es perfectamente normal dadas las circunstancias.

Y es justo después de perdonarme a mí misma cuando empiezo a despertar del letargo, y cuando empiezan poco a poco a volverme las ganas. Un día me levanto y hago un poco de ejercicio. Otro día hago limpieza, ordeno mi armario. Vuelvo a leer, empiezo a fantasear con futuros planes para cuando pase la tormenta, sea este verano o el próximo otoño. Abro WordPress y escribo.

usos alternativos de tu rizador de pestañas

2 trucos de maquillaje usando tu rizador de pestañas

Siempre he tenido una relación de amor-odio con mi rizador de pestañas. A ratos me parece un instrumento del mal ideado por la mismísima Inquisición Española para torturarnos. Pero en ocasiones me parece una herramienta imprescindible y pienso que no podría vivir sin él.

Lo mismo me olvido de él por completo durante varios meses, que de pronto empiezo a usarlo a diario, incluso los días en que no me pongo máscara de pestañas.

He hecho varios vídeos sobre él, como este en el que os contaba cómo usarlo para haceros un tightlining, o este otro donde os mostraba cómo limpiarlo correctamente. Pero en el Cosmoclip que os traigo hoy os enseño dos formas alternativas de utilizarlo que nada tienen que ver con su propósito original, y que al menos a mí me han ayudado mucho en algunos pasos de mi rutina de maquillaje.

Ver en Cosmo 2 trucos usando tu rizador de pestañas

Ideas para mantener nuestras gafas de sol ordenadas

Hasta hace no mucho estaba convencida de que la mejor forma de guardar mis gafas de sol era bien protegidas dentro de sus fundas y resguardadas en uno de los cajones de mi armario. Y probablemente esta era la manera perfecta para que estuvieran siempre como nuevas.

El problema es que precisamente estaban como nuevas porque siempre terminaba usando las mismas, las que estaban ya en mi bolso. A veces por pereza, porque no me apetecía ponerme a rebuscar en el cajón, y a veces simplemente porque salía con prisas de casa.

El caso es que un día decidí que la mejor forma de asegurarme de usarlas todas era teniéndolas en algún sitio más accesible, y empecé a buscar ideas y trucos que me permitieran tenerlas más a mano, pero ordenadas al mismo tiempo. Y esas ideas son las que os muestro en mi último Cosmoclip.

Ver en Cosmo ideas para almacenar y ordenar gafas de sol
DIY saquito térmico

DIY: saquito térmico con aromaterapia

Siempre viene bien tener a mano un saquito térmico, en particular durante los meses más fríos del año. El primero que tuve yo me lo regalaron unas navidades y venía dentro de una funda graciosísima con forma de gato de peluche. Se sacaba el saco que contenía las semillas, se calentaba un minuto en el microondas y se volvía a guardar dentro del peluche. Me venía de maravilla para calentar la cama antes de ir a dormir, o para ponérmelo en el regazo para aliviar un poco los dolores de la regla.

Después de ese me acabé comprando alguno más en las clásicas tiendas de Natura Selection, pero con todo el uso que yo les daba en apenas unos meses notaba que las semillas iban perdiendo la capacidad de retener el calor y que los aceites esenciales que incorporaban perdían el olor.

Así que decidí empezar a fabricármelos yo. De esta forma podía elegir exactamente qué tipo de grano o semilla quería usar para cada uno —los garbanzos aguantan casi tres cuartos de hora calientes y son perfectos para calentar la cama, mientras que el arroz absorbe genial los aceites esenciales y se adapta mejor a zonas como las cervicales—, o el tipo de aroma que quería añadirle.

Y cuando noto que va perdiendo sus propiedades, solo tengo que descoserle un lateral, tirar el relleno, volverlo a llenar y coserlo de nuevo. En mi último Cosmoclip os cuento todos los pasos a seguir para que os hagáis el vuestro, y algún consejo para que os dure lo máximo posible. ¡Espero que os guste!

Ver en Cosmo vídeo DIY saquito térmico

Esbeltia Crema Serum Día y Noche 02

Esbeltia: una crema para sustituirlas a todas

Pocas cosas me gustaban tanto como probar novedades cosméticas a todas horas para reseñarlas por aquí y compartir con vosotros mis impresiones sobre cada nuevo producto que caía en mis manos. Pero tanto usarme a mí mi misma como conejillo de indias me acabó pasado factura hace poco más de un año en forma de una dermatitis alérgica recurrente que me da la lata en cuanto me paso un poco de la raya con el maquillaje.

A raíz de esta dermatitis me he vuelto mucho más cauta a la hora de poner cualquier nuevo producto en contacto con mi piel, y he reducido mis rutinas de cuidado, limpieza y maquillaje hasta límites insospechados para alguien que tiene un blog y un videoblog en los que la belleza es un tema más que recurrente.

He aprendido —por las malas— que menos es más, y que a menudo en nuestro afán por cuidar y proteger nuestra piel la acabamos saturando de químicos e ingredientes que realmente no necesita.

Debo reconocer que, cuando Rosa Sánchez del Busto me contactó hace unos meses para ofrecerme probar una crema que ella misma había creado, tuve ciertos reparos. Por fin había conseguido que mi rostro volviera al equilibrio y los brotes de dermatitis parecían totalmente controlados, así que me daba pavor introducir un nuevo producto en mi rutina.

Esbeltia Crema Serum Día y Noche 01

Pero entonces ella me contó la historia detrás de Esbeltia. Me explicó que su madre había tenido que someterse a quimioterapia y que, aunque había conseguido superar esa dichosa enfermedad, su piel había sufrido de forma devastadora las consecuencias de los tratamientos. Rosa, que es una esteticista experimentada, trató de buscar para su madre las mejores cremas comerciales que pudo encontrar a su alcance sin reparar en el precio, pero ninguna parecía dar resultado.

Como buena conocedora de ingredientes que era por su trabajo, decidió que lo mejor que podía hacer era prepararle a su madre una crema a medida, y empezó a experimentar con los elementos que pensaba que podrían serle más beneficiosos como el aloe vera, la caléndula y diversas vitaminas.

Al fin dio con una fórmula que, aunque no hacía milagros, como ella misma dice, sí que consiguió una notable mejoría. Preparaba esta crema de forma totalmente casera, en la cocina de su casa, y poco a poco fue corriéndose la voz entre sus allegados y sus amigas empezaron a pedirle que se la preparase también a ellas.

Esbeltia Crema Serum Día y Noche 02

Alguien le sugirió que se pusiera en contacto con algún laboratorio para poder fabricar a mayor escala, porque cada vez eran más las amigas y conocidas que le pedían su dosis de aquella crema casera, y ese fue el principio del camino que ha hecho posible que Esbeltia se haya convertido en realidad.

Solo con la historia detrás del producto ya me tenía prácticamente en el bolsillo, pero Rosa terminó de convencerme al contarme que su idea había sido desde el principio crear un producto multiusos, capaz de sustituir a esa procesión de cremas que a menudo nos aplicamos cada día.

Esbeltia es una crema/serum que actúa también como contorno de ojos, tiene filtro solar físico y gracias a su efecto lifting funciona también de maravilla como prebase de maquillaje. Una crema para sustituirlas a todas.

Esbeltia Crema Serum Día y Noche detalles

Adiós a las rutinas de cuidado facial de interminables pasos, adiós a llevar el neceser a punto de reventar a la hora de viajar. Esbeltia promete ser el único producto que necesitaremos para el día a día.

Me quedé intrigadísima después de nuestras primeras conversaciones, así que le pedí que me enviase una muestra para poder probar la crema. Y después de haberla estado usando a diario durante los dos últimos meses he querido compartir mis impresiones con vosotros.

Sus ingredientes son de muy buena calidad. No tiene parabenos, siliconas, parafina, ni sulfatos. Sus principios activos son el aloe vera, la caléndula, algas del Mediterráneo, vitaminas (A, B3, B5, C y E), y un extracto de las secuoyas gigantes de California que es el responsable del efecto lifting.

Esbeltia Crema Serum Día y Noche ingredientes

Viene en un envase de cristal con aplicador que garantiza que solo la cantidad necesaria de producto entre en contacto con la piel en cada aplicación. Tiene una textura que yo no había visto en ninguna otra crema y que Rosa ha bautizado como textura nube: se asemeja a la ligereza de una emulsión pero con la ventaja de que no gotea, lo que facilita muchísimo su aplicación.

Al ser un producto tan ligero es apto incluso para pieles grasas. Las pieles más secas pueden querer complementarlo con el uso de algún aceite por la noche (Rosa recomienda recurrir a aceites de alta calidad, el de oliva virgen sería una buena opción).

Y aunque Esbeltia incluye algo de protección solar, esta no puede ser suficiente para los meses de verano y es recomendable combinarla con un producto específico para ello, especialmente si vamos a tomar el sol. Este hubiera sido el único factor que a mi gusto habría convertido a esta crema en el producto perfecto, pero Rosa me comentó que lo habían intentado, pero que alteraba demasiado la textura de la crema y la hacía mucho más grasa y pesada.

En cualquier caso, Esbeltia es un producto increíble, y tan solo el hecho de poder sustituir con esta crema a mi hidratante habitual, mi serum y mi contorno de ojos, ya es suficiente como para garantizarle una posición de honor en el estante de mi cuarto de baño.

Pero por si eso fuera poco, además mi piel está suave e hidratada, estoy manteniendo a raya mis marcas de expresión y no he vuelto a tener ni brotes de acné ni de dermatitis desde que la estoy utilizando.

El precio de la que se ha convertido en mi nueva crema favorita es 66,80€ —un precio más ajustado de lo que parece si tenemos en cuenta que son tres productos en uno—, podéis comprarla directamente a través de la tienda online que tienen en su propia web y los envíos dentro de España son gratuitos.

Quiero aprovechar para agradecerle a Rosa que se tomara la molestia de emprender el caminito para conseguir que Esbeltia llegara al público, y que me diera en su momento la oportunidad de probar su maravillosa crema: conmigo ha ganado, no solo una clienta, sino una fan incondicional.

Dyed pink hair

Pink hair, don’t care! (Despido el 2019 con el pelo rosa)

Ya había coqueteado con los tintes en colores de fantasía en el pasado, y llevaba tiempo pensando en volver a teñirme de rosa (hace un par de años me puse las puntas en este tono). Así que, aprovechando que me tocaba ya una visita a la peluquería para retocar las raíces y sanear las puntas, le pedí a mi estilista que me dejara la cabellera en un tono lo más parecido al del algodón de azúcar. Qué rico el algodón de azúcar, por cierto.

Ella no solo estaba encantada con la idea, sino que además se apunta a un bombardeo sin casco —como versa el dicho popular— y le pareció estupendísimo que grabásemos todo el proceso paso a paso para subir un vídeo a mis perfiles en redes sociales.

Durante esta última semana he estado bastante activa en Instagram TV —he subido ya dos de los cuatro mini vlogs de mis vacaciones en Nueva York, y a lo largo de los próximos dos o tres días subiré los que faltan.

El vídeo de mi reciente cambio de look lo he subido tal cual a todas mis plataformas (Instagram, Facebook y YouTube). Normalmente no me gusta repetir contenido, y además sé que en Instagram aún funcionan mejor los vídeos verticales y este último está en horizontal porque lo grabé pensando en YouTube, pero es demasiado trabajo el tener que crear el mismo vídeo en un formato diferente según la plataforma.

Llevo varios meses dándole vueltas a la idea de quedarme solo en una o dos plataformas y cerrar mis perfiles en las demás, para poder centrarme un poco y no tener que duplicar contenido. Como lo que más hago son vídeos, creo que lo que más sentido tendría en teoría sería quedarme en YouTube y cerrar por ejemplo la página de Facebook, pero justo en YouTube es donde menos amigos/seguidores tengo. La fanpage tiene muchísimos seguidores —¡más de 140.000!— pero la gente ya no participa tanto como antes y me da la sensación de que Facebook no les enseña las publicaciones a los seguidores a menos de que pague para promocionarlas.

Así que aprovecho para preguntaros por aquí: ¿en qué plataformas preferís seguir las actualizaciones del blog y ver mis nuevos vídeos, IGTV, Facebook o YouTube? ¡Muchísimas gracias por echarme una mano con vuestros comentarios! 🙂