Córtate tú misma el flequillo con Brad Mondo

Córtate tú misma el flequillo paso a paso con Brad Mondo

En muchos países las peluquerías siguen cerradas debido a las medidas de seguridad para mantener a raya el coronavirus, y aunque en algunos otros hayan ido reabriendo sigue sin ser recomendable pasar varias horas en un lugar cerrado lleno de personas extrañas. Ya os contaba en este otro post que el aire de los secadores de pelo es capaz de mover por toda la habitación las partículas del virus que quedan flotando en el ambiente alrededor de las personas infectadas, aunque sean asintomáticas, aumentando así el riesgo de contagiarnos.

Pero aguantar tanto tiempo sin ponernos en manos de nuestra estilista puede ser todo un reto, especialmente para quienes suelen llevar cortes de pelo muy estructurados o flequillos muy definidos.

Si estás en este último grupo hoy estás de suerte porque precisamente esta semana Brad Mondo —el popular estilista youtuber famoso por sus vídeos con reacciones a desastres capilares caseros— ha hecho una colaboración con Beauty Insider y ha asesorado, vía Skype, a Caroline Aghajanian mientras esta se cortaba ella misma el flequillo sin salir de casa.

Así que ahora puedes seguir el tutorial paso a paso con ellos para retocarte el flequillo o incluso atreverte a cortártelo por primera vez. Es divertido experimentar con el pelo y poco a poco, con la práctica, puedes conseguir resultados estupendos. Y tampoco hay que preocuparse demasiado si cometemos algún pequeño error porque ¡el pelo crece!

El único paso imprescindible antes de empezar a experimentar con nuestro cabello en casa es el de hacernos con unas tijeras específicas para la tarea —no vale con coger las primeras tijeras que encontremos por ahí—, pero afortunadamente podemos conseguir tijeras más que decentes por muy buen precio en Amazon o tiendas online que distribuyen productos profesionales de peluquería.

¿Te animas a cortarte tú misma el flequillo? 😀

Podcast Amigas Es Mejor

¡Azu y yo tenemos un podcast!

Nuestro plan original era emitir en forma de vídeos en directo esas charlas informales que Azu y yo tenemos frente al ordenador, té en mano y desde dos países diferentes, un par de veces por semana. Pero después de varias pruebas y algún que otro imprevisto técnico, nos inclinamos finalmente por compartir dichas charlas en las que arreglamos el mundo a nuestra manera en forma de podcast.

El podcast, además de ser un formato que está cada vez más en auge más allá del endogámico mundillo del marketing, tiene muchas ventajas frente a los vídeos en directo. La principal es que no tenemos que peinarnos. A nosotras con eso ya nos ha convencido. Podemos estar totalmente relajadas, en pijama, sin maquillar y con el pelo recogido en un moño mal hecho, y centrarnos solo en nuestras ocurrencias —que, no nos engañemos, suelen ser bastante bastante descabelladas demasiado a menudo—.

Porque de lo que se trata es de compartir contigo esos trocitos de nuestra intimidad, y no hay intimidad verdadera que valga si uno está concentrado en mantener una pose.

Así que entre unas cosas y otras ya tenemos en nuestro haber nada más ni nada menos que cuatro episodios de Amigas Es Mejor, disponibles en Ivoox (aunque estamos trabajando para llevarlos también a otras plataformas). En ellos hablamos de los temas más variopintos: desde cosas raras que hemos hecho por culpa del confinamiento hasta cosas que nos llevaríamos a una isla desierta, pasando por un intenso debate sobre tipos de pijamas o cada cuánto hay que echarlos a lavar según estudios científicos.

Si vas a salir a andar y te apetece darle un respiro a tus clásicas listas de música de Spotify, ¡llévanos contigo! También puedes escucharnos mientras te preparas la cena o pasas la aspiradora, o simplemente mientras te tomas algo fresquito en el balcón de tu casa disfrutando de los últimos rayos de sol. Somos buena compañía en casi cualquier situación, ya lo verás. Solo tienes que hacer click en la imagen que hay debajo de este texto para comprobarlo.

¡Descubre nuestro podcast en Ivoox!
¡Haz click en la imagen para ir al podcast!

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Peluquerías y coronavirus

La reapertura de las peluquerías en tiempos del coronavirus

A estas alturas de la pandemia estamos ya la mayoría en un punto en que nos agarramos a cualquier clavo ardiendo que se parezca lo más mínimo a esa cotidianidad que nos arrebató el confinamiento. Mientras los expertos en la materia tratan de descifrar cómo de rápida o lenta será esa recuperación que volverá a reactivar nuestra economía, lo cierto es que muchos esperan ansiosos el pistoletazo de salida para volver a llenar sus bares y tiendas favoritos. Cualquiera diría que la mayoría de ellos cree que el virus ha desaparecido como por arte de magia.

Pero seguimos sin vacunas ni tratamientos 100% eficaces ante un virus que tiene muchas probabilidades de dejar secuelas serias a los afortunados que lo sobreviven

Hace unos días las peluquerías reabrían en muchas ciudades españolas, y yo no pude evitar quedarme ojiplática perdida al verlas llenarse, e incluso con lista de espera, desde el momento en que hubo peluqueras dispuestas a empuñar las tijeras. Como si el COVID-19 solo hubiera sido un mal sueño del que estábamos ya todos a salvo. Más allá de las mascarillas no había demasiada diferencia en muchos establecimientos con respecto a los días pre confinamiento.

Peluquerías y coronavirus

Por mucho que los encargados de los salones se empeñen en asegurar que se guardan dos metros entre cliente y cliente, el esfuerzo queda eclipsado por el hecho de que las estilistas no pueden guardar esa distancia entre ellas mientras se mueven en semicírculos constantes alrededor las personas a las que atienden. No hace falta ser un entendido en la materia para comprender que, si esa otra clienta que han sentado a dos metros de mí está infectada, su estilista tiene muchas papeletas para infectarse también y luego pasar la bola a todas las personas que no guarden la distancia de seguridad con ella. Y si las peluqueras y estilistas no están respetando esa distancia entre ellas —muchas veces porque es imposible con el espacio que tienen para trabajar—, pues entonces el efecto dominó se convierte en solo una cuestión de tiempo.

Salón Cheska en Instagram Salón Cheska en Instagram

Puedo entender que haya quienes tengan que correr el riesgo porque no les queda otra, como las personas mayores que por motivos de movilidad no pueden lavarse solas la cabeza, o quienes llevaban el pelo muy corto antes del confinamiento y ahora se ven con unas greñas difíciles de dominar incluso con toda la gomina del mundo, y siguen teniendo que trabajar y cuidar por ello su imagen.

Lo que no me entra en la cabeza es que haya quien se arriesgue y obligue a los demás a arriesgarse por el capricho de retocarse las mechas o hacerse un cambio de look. Porque aunque los dueños de las peluquerías estaban deseando abrir para no perder más dinero, también me consta que hay muchas estilistas empleadas cobrando un sueldo mínimo a las que no les hace ni pizca de gracia tener que estar trabajando a escasa distancia de otras personas, sin saber si acabarán contagiándose y llevándole el virus a sus familias.

Peluquerías Pascual en Instagram Peluquerías Pascual en Instagram

Este es el momento de apoyar a los pequeños negocios de nuestros barrios, y la mejor forma de hacerlo es aquella en la que además de ayudarlos económicamente no los ponemos en peligro. Ayudas más al restaurante de la esquina si les compras unas tapas para cenar en casa, que si te sientas una hora a tomarte una cerveza cuando les dejen abrir las terrazas.

Y puedes ayudar de muchas formas a tu peluquería de toda la vida sin tener que arriesgarte y obligar a los empleados a arriesgarse por ti: puedes aprovechar para comprarles productos profesionales para lavar y cuidar tu cabello en casa —en lugar de comprar ese champú barato del supermercado—, o comprarles a ellos el tinte y retocarte tú misma, ¡seguro que están encantados de asesorarte!

Si de verdad necesitas un corte de pelo, que sean retoques sencillos y rápidos de hacer, como sanear las puntas. Muchos profesionales son capaces de hacer este tipo de trabajos incluso con el pelo seco, con lo que te ahorrarías el tiempo y el riesgo de tener que pasar por el lavacabezas y por el secador. Porque, ¿a qué lumbreras se le ocurrió que la combinación de “espacio cerrado lleno de gente + virus que se transmite por aerosoles + secadores a todo trapo” era una buena idea?

Las mascarillas a las que tenemos acceso la mayoría de la población ayudan pero no hacen milagros, y si tosemos o estornudamos parte de estos aerosoles las atraviesan y se quedan flotando cerca de nuestro rostro, así que añadir un secador a la ecuación es como comprar todas las papeletas para la rifa del coronavirus.

Si de verdad, de verdad, es imprescindible que vayas a la peluquería —¿lo es?— piensa que cuanto menos tiempo pases sentada en la silla, mayor favor les harás. Todos correréis menos riesgos y ellos tendrán más tiempo para desinfectar y atender a otros clientes. Es en estos tiempos tan inciertos cuando nuestra sociedad necesita de forma desesperada una buena dosis de empatía.

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EDITO para añadir la gracia que me hace (ninguna) el ya clásico comentario de solo me quité la mascarilla para la foto que se ha convertido en una constante entre la mayoría de quienes han sentido la imperiosa e ineludible necesidad de ir a la peluquería a hacerse un cambio de look en medio de una pandemia. Porque, como todo el mundo sabe, el COVID-19 se pone en pausa cuando se trata de dejarnos actualizar nuestra cuenta de Instagram. Pero luego bien que nos gusta a todos aplaudir a las ocho.

4 formas de llevar un pañuelo o turbante

4 formas de llevar un pañuelo como turbante o diadema

Sé que no todo el mundo se atreve a retocarse el tinte en casa y que hay quienes prefieren mil veces esperar a que abran de nuevo las peluquerías para poner a punto la melena. Pero mientras tanto sigue tocando trabajar o atender videollamadas si somos de los afortunados que podemos trabajar desde casa.

Y para esos casos, si no tenemos la auto confianza suficiente como para lucir nuestras raíces en su estado más salvaje, nada como echar mano de uno de los accesorios estrella de la temporada estival: los pañuelos a modo de turbante o diadema.

Un pañuelo bonito también puede ser de gran ayuda para cuando por ejemplo queremos espaciar un poco más de lo habitual los lavados para darle un respiro a nuestro cabello pero no queremos renunciar a estar presentables durante esos días. O puede incluso ser nuestro salvavidas si nos ha dado por experimentar con nuestro flequillo durante la cuarentena y no estamos muy satisfechas con los resultados.

Ver en Cosmo formas de llevar un pañuelo o turbante

Distancia social Covid19

La “nueva normalidad”

La nueva normalidad se ha convertido estos días en el mantra favorito de muchos políticos, periodistas y tertulianos. Todos creen tener entre sus hipótesis y elucubraciones la receta perfecta para la desescalada, ese otro término tan omnipresente como resbaladizo del que depende la salud mental y la economía de muchos.

La mayoría de los ciudadanos de a pie hemos pasado de la incredulidad que nos provocaba el hecho de sentirnos protagonistas de una película de tintes apocalípticos y bajo presupuesto, a la aceptación resignada de esta realidad pesadillesca que nos ha mandado de una patada en el trasero varios escalones abajo en nuestra pirámide de Maslow.

Pirámide de Maslow Covid19

Y no podemos evitar dejarnos caer en el ejercicio de imaginar cómo será nuestra vuelta a la rutina, a esa nueva normalidad que parecería estar sacada de algún improbable universo paralelo y que promete regalarnos escenas tan surrealistas como playas divididas en cubículos de metacrilato.

Este nuevo coronavirus ha llegado para quedarse, y durante los meses que tarde en llegar la vacuna nos va a tocar doblegarnos a esta situación en la que no nos queda otra que renunciar por nuestra seguridad a ciertos derechos y libertades.

Hasta hace poco me preguntaba si acaso ya no podremos volver a ir al supermercado sin tener que esperar una cola solo para entrar, o sin la inquietud de encontrarnos vacíos —otra vez— los estantes de ciertos productos básicos. Me preguntaba cuánto tiempo tendría que pasar hasta que volviéramos a sentirnos seguros compartiendo la oscuridad de una sala de cine con varias decenas de extraños, o si después de todo esto los viajes internacionales seguirán siendo tan mainstream como lo eran hasta hace unos meses.

Calles desiertas pandemia coronavirus

Pero lo que ahora alimenta los engranajes de mi curiosidad es el divagar sobre las secuelas psicológicas que este 2020 va a regalarnos, incluso aunque no hayamos pasado por el trance de perder a seres queridos. En uno de los episodios de la tercera temporada de GLOW (Netflix) uno de los personajes confesaba entre lágrimas que su padre, judío superviviente del holocausto, jamás había podido vivir en una casa que no contara con sótano o desván, por si acaso tenía que volver a ocultarse.

Bill Gates arrancaba su popular charla TED de 2015 sobre pandemias mostrando el bidón con agua y alimentos que muchos hogares americanos atesoraban después de la Segunda Guerra Mundial para sobrevivir en caso de un ataque nuclear. Cada generación tiene sus propios traumas y puede que los nuestros sean el de tener siempre mascarillas colgadas en el perchero de la entrada o el de no salir de casa sin un bote de gel desinfectante que usaremos de forma compulsiva.

Mascarillas y gel desinfectante coronavirus Covid19

La gran diferencia entre unos confinamientos y otros la han marcado el hecho de estar encerrados con las personas adecuadas y en lugares más o menos cómodos, así que supongo que es normal hasta cierto punto que a partir de ahora la gente se pregunte ¿es este el tipo de persona con la que me gustaría pasar una cuarentena? cada vez que empiecen a salir con una potencial pareja. O ¿me importaría que me confinasen aquí? cada vez que vayan a alquilar un piso nuevo o a comprar una casa.

Yo no puedo quejarme en ninguno de esos dos aspectos: tengo buena compañía para esta etapa tan incierta de nuestras vidas y un piso que, sin ser muy grande, es bastante cómodo. Y aunque siempre he sido más de apartamentos que de casas ahora no puedo evitar fantasear con un jardincito pequeño en el que tener un huerto y algunas gallinas. Yo, que soy más de ciudad que una parada de metro.

Consejos para teñirte en casa durante la cuarentena

Cómo cubrir temporalmente las mechas para evitar el efecto raíz

Empecé a teñirme durante mi adolescencia, así que puedo decir que he pasado más años de mi vida con colores de pelo producto de la química que con mi tono natural. He recorrido varias veces todo el espectro que abarca la carta de coloraciones de cualquier peluquería, desde el negro azabache hasta el rubio platino, pasando también en varias ocasiones por los colores de fantasía.

Por norma general siempre he preferido ponerme en manos de un buen estilista, especialmente para los cambios más radicales. Pero también he tenido temporadas —por ejemplo al mudarme a alguna nueva ciudad— en las que no encontraba ninguna peluquería que me convenciese y pasaba a teñirme yo misma en casa e incluso a cortarme las puntas o el flequillo. Así que algo de experiencia tengo también en la materia, aunque solo sea una amateur.

Durante los dos últimos años, dejando aparte mi lapsus de ponerme el pelo rosa las pasadas navidades, me he mantenido fiel a unas mechas que empezaron siendo un balayage para terminar convirtiéndome en rubia-rubísima.

Y justo esta semana me hubiera tocado ya mi cita para retocar las raíces, pero obviamente a causa del confinamiento las peluquerías siguen cerradas. Algunas lectoras me habían preguntado que cómo hacía para retocar las mechas en casa, así que he querido desvelar mi rutina de emergencia en este nuevo Cosmoclip.

¿Cómo me hago las mechas en casa? Respuesta corta: no me las hago. Aunque yo soy la primera abanderada de que las mujeres disfrutemos de la autonomía y autosuficiencia que nos da el ser capaces de arreglarnos nosotras mismas el pelo, también estoy al tanto de nuestras limitaciones. Una cosa es aplicar un tinte casero y otra muy distinta hacer bien unas mechas. Este último proceso requiere de técnica y conocimientos, además de la habilidad de poder moverse en 360 grados alrededor de la cabeza en cuestión. Por algo cuestan lo que cuestan, y por algo ni siquiera las peluqueras más diestras se las suelen hacer ellas mismas.

¿Qué hacer entonces para poder estar presentables hasta que vuelvan a abrir los salones? Mi secreto es aplicar una mascarilla de color para oscurecer las mechas y que el contraste no sea tan llamativo con el color de mis raíces. En mi último vídeo os muestro todo el proceso paso a paso.

Ver en Cosmo trucos para teñirte en casa

La mascarilla que estoy usando es la Nutri Color Crème 3-in-1 cocktail de Revlon, en el tono 713. Mi tono natural sería más un 712, pero esta gama no lo tiene disponible y me gusta el acabado dorado que me deja el 3. Los primeros días da la sensación de que se queda un poco cobrizo —tal y como se puede apreciar en el vídeo—, pero tras un par de lavados el subtono cobrizo desaparece y se queda un rubio oscuro dorado que me gusta mucho.

Nutri color 713 Revlon 3 in 1

Como no dura mucho, si en cualquier momento volviéramos a la normalidad —¡bendito optimismo!— y reabrieran las peluquerías, podría volver si quisiera a mis mechas. Pero también podría mantenerlo de forma indefinida fácilmente: aunque en el vídeo me veas aplicármelo concienzudamente como si fuera un tinte, eso solo lo hago la primera vez. A partir de ahí basta con aplicar un poco una o dos veces por semana al lavarlo como si fuera una mascarilla hidratante normal para mantener el color. Además, al mismo tiempo que refrescamos el color, estaremos cuidando y tratando nuestro cabello.

Aunque pensaba que al principio se me haría raro volver a llevar el pelo más oscuro, lo cierto es que me he acostumbrado enseguida y ahora me encanta y me estoy planteando seriamente dejar de teñirme en la peluquería, al menos hasta que empiecen a salirme canas.

¿Cómo estáis haciendo vosotros para tener el pelo presentable estos días? ¿Habéis cometido ya alguna locura capilar?

Trucos para doblar vaqueros y sudaderas

Cómo doblar vaqueros y sudaderas para que no se arruguen y ocupen poco espacio

Ya he superado la fase del confinamiento de ordenar el armario y de ella puedo extraer dos conclusiones: que tengo muchos más vaqueros de los que necesito en realidad y que siempre me acabo poniendo uno de mis dos pares favoritos.

Al menos desde que he aprendido a doblarlos en condiciones ya no me ocupan tanto espacio en el armario, y ahora que los he colocado todos en vertical y los tengo más a la vista al abrir el cajón, espero ir sacándole más partido a algunos que tenía un poco olvidados —siempre y cuando los kilos de más atesorados durante la cuarentena me permitan seguir entrando en ellos—.

Si estás pasando ahora por la fase de ordenar tu ropa igual te apetece echarle un ojo a este Cosmoclip en el que muestro paso a paso varias formas de doblar los vaqueros y sudaderas para que no se arruguen y para que ocupen poco espacio, ya sea en el armario o en la maleta, cuando quiera que sea que nos dejen viajar otra vez. ¡Mucho ánimo con el confinamiento, ya nos queda menos! 🙂

 

Trucos para delinear los ojos

2 trucos para delinearte los ojos si no tienes buen pulso

Tengo la sensación de que mis amigas y conocidas se dividen en dos grupos bien diferenciados durante estos días de cuarentena. Por un lado están las que han abrazado con fervor lo de pasarse los días en pijama, con un messy bun y sin una gota de maquillaje, pero por otro también veo a quienes se han puesto de repente a hacer experimentos con todos esos productos que se han encontrado al ordenar el cuarto de baño y están ahora siguiendo tutoriales como quien hace un master online.

A mí cualquier de las dos opciones me parece estupenda. Yo misma podría saltar de un grupo a otro, según el día. El maquillaje puede ser un pasatiempo muy divertido, y nada como aprovechar la coyuntura para aprender y poner en práctica los clásicos trucos de las grandes gurús de la cosmética en YouTube.

Yo no soy gurú de nada, y mucho menos de maquillaje, pero tengo siempre algún truco guardado en la manga que me ayuda a disimular un poco lo torpe que puedo llegar a ser para tantas cosas. Una de las cosas que se me dan fatal es lo de delinearme los ojos, ¡no tengo pulso ninguno!

Pero he aprendido estas dos sencillas técnicas con las que consigo un resultado bastante decente cuando me lo propongo, y que espero que a ti también te sirvan.

Ver en cosmo 2 trucos para delinear los ojos

Decálogo para trabajar en remoto

Mi decálogo para ayudarte a trabajar desde casa durante la cuarentena

Después de ocho años como nómada digital creo que tengo algo de experiencia en lo de trabajar lejos de la oficina. Al principio cumplía a pies juntillas el cliché de pasarme los días escribiendo desde cafeterías monas y muy instragrameables mientras tomaba cantidades ingentes de chai lattes, supongo que porque el hecho de estar rodeada de extraños enfrascados en sus propias conversaciones sustituía en parte al aspecto social que me estaba perdiendo por trabajar en remoto.

También tiene algo que ver el que en mis anteriores apartamentos no fuera capaz de encontrar el lugar idóneo para trabajar de forma cómoda —sobre todo en el anterior al actual, en el que la única habitación que podía destinar a ello era tan diminuta que resultaba incluso claustrofóbica, con todo el lío de focos, fondos, trípodes y demás parafernalia que suelo tener siempre de por medio para grabar—. Por eso a la hora de escribir o editar casi siempre prefería buscar alguna cafetería con WiFi cerca de casa.

Las cosas han cambiado en ese sentido desde mi última mudanza, así que hoy quiero contarte cuáles han sido esos pequeños trucos, ideas o gestos que me han ido facilitando cada vez más la tarea de trabajar desde casa.

Teletrabajo durante la cuarentena

1. Prepara un rincón exclusivo para ello que te haga ponerte en modo trabajo. Ya sé que no siempre es fácil, sobre todo si te toca compartir vivienda con compañeros de piso u otros miembros de tu familia. No hace falta que tengas tu propio despacho —aunque de ser así, mejor que mejor—, sino que se trata de encontrar un hueco en el que puedas concentrarte. Puedes hacerte con una mesa plegable y montarla en una esquina del salón o de tu dormitorio, idealmente cerca de alguna ventana para disfrutar de los beneficios de la luz natural. Evita trabajar desde la cama o el sofá, por muy tentador que parezca. Por higiene mental es mejor que tu cabeza sepa diferenciar perfectamente cuándo toca trabajar de cuándo toca relajarse viendo Netflix.

2. Intenta marcarte un horario y respetarlo. Si en tu empresa ya te lo marcan entonces no tienes que preocuparte de este aspecto. Pero si eres freelance como yo vas a necesitar un poco de autodisciplina. A mí me gusta mucho trabajar por la noche porque me va la cabeza mucho más rápido y además toda mi comunicación relacionada con temas laborales suelo hacerla por email, así que no tengo por qué estar disponible en horario comercial. Esto me permite despertarme tarde y sin necesidad de despertador —sobre las 10:00h—, dedicar el resto de la mañana a ir al gimnasio (obviamente me refiero a antes de que empezara la cuarentena) y hacer las tareas domésticas, y ya ponerme a trabajar cuando termino de comer. Después hago una pausa para cenar con mi pareja y ver alguna serie, y vuelvo a trabajar, normalmente hasta las dos o las tres de la madrugada. Mi vida puede parecer un poco caótica vista desde fuera, pero la verdad es que tengo una rutina bastante marcada y eso me ayuda mucho para organizarme.

3. No trabajes en pijama. Reconozco que yo misma me he saltado esta regla alguna que otra vez, y es que resulta muy tentador eso de no tener que vestirse, sobre todo si ese día no nos toca hacer ninguna videollamada. No digo que tengamos que vestirnos como si fuésemos a ir de verdad a la oficina. Pero arreglarse un poco también nos ayuda a ponernos en ese estado mental adecuado para rendir más. A mí antes no me costaba tanto porque al fin y al cabo solía salir de casa por las mañanas, a veces para hacer la compra y a veces para comer en algún restaurante. Pero desde que empezó la cuarentena he tenido que renegociar este aspecto conmigo misma, y ahora lo que hago es que tengo pijamas de dormir y pijamas de día. Los pijamas de día suelen estar compuestos por pantalones de chándal y jerséis calentitos y esponjosos, cómodos como cualquier pijama, pero con cierta dignidad por si me toca hacer alguna videollamada improvisada.

4. Maquillaje, ¿sí o no? No hay consenso en este aspecto. Me consta que hay quienes se pintan los labios incluso aunque luego tengan que ponerse una mascarilla para ir a hacer la compra, y otros a quienes la pandemia les ha servido como excusa para relajarse un poco en ese sentido. Cada cual tiene que encontrar el tipo de rutina que mejor le haga sentir. En mi caso me he quedado en un punto intermedio: solo me maquillo si me toca grabar algún vídeo; el resto del tiempo únicamente me pongo crema hidratante, corrector de ojeras y un poco de colorete, por aquello de verme al menos buena cara.

5. No comas delante del ordenador. Del mismo modo que te desaconsejo que trabajes desde la cama, ahora te pido que, cuando hagas el descanso para comer —sea de quince minutos o dos horas— desconectes mental y físicamente del trabajo por completo. De otro modo la jornada de trabajo en remoto puede terminar siendo de diez o más horas antes de que te des cuenta, y empezarás a acumular cansancio que afectará a tu rendimiento laboral a medio y largo plazo.

6. Desactiva las notificaciones del móvil y silencia todos esos grupos de WhatsApp a los que no paran de llegar memes sobre el coronavirus o la metedura de pata del político de turno. También puedes configurar el modo no molestar de tu móvil —todos lo tienen— para que solo te notifique las llamadas y mensajes de ciertos números de teléfono.

7. Si te ha tocado hacer la cuarentena con niños en casa o si tienes vecinos muy molestos, invierte en unos auriculares con cancelación de ruido y evitarás muchísimos dolores de cabeza además de mejorar considerablemente tu concentración. También podrás reutilizarlos en aviones y trenes cuando por fin nos levanten el confinamiento y nos permitan viajar de nuevo.

8. No caigas en la tentación de pretender hacer las tareas domésticas al mismo tiempo que trabajas. Las tareas domésticas son ya un trabajo de por sí, y aunque de vez en cuando puedas poner una lavadora mientras respondes emails, lo único que conseguirás es mermar tu capacidad de concentración y terminarás necesitando más horas para hacer tu trabajo. Mejor organizarse y asignar tiempos determinados para cada cosa.

9. Mantén tu rincón de trabajo tan ordenado como puedas. Hasta hace no mucho yo me amparaba en eso que dicen de que las personas desordenadas son más creativas para justificar lo que en el fondo era solo pereza. Pero desde que intento llevar una vida un poco más minimalista, como tengo menos trastos en general, me resulta más fácil mantener el desorden a raya. Y eso se traduce en que no tengo que malgastar energías buscando un cuaderno o un determinado documento en una pila de folios encima de mi mesa, y puedo centrarme en terminar mi trabajo cuando antes.

10. Por último, si echas de menos el lado social de ir todos los días a la oficina aprovecha la tecnología para hacer videollamadas con tus compañeros de vez en cuando, o sincronízate con tu mejor amigo para hacer juntos una pausa a media mañana y tomaros juntos el café mientras charláis por Skype. De esta forma el aislamiento se te hará mucho más llevadero.

Espero que puedas aprovechar alguno de estos consejos, y si tienes algún truco de esos que facilitan la vida relacionado con trabajar desde casa, me encantaría que me lo contases en un comentario. 🙂

No pasa nada por no querer hacer nada

No pasa nada por no querer hacer nada

Casi un mes sin pasar por aquí, pero no porque no lo haya intentado. Cada vez que abría el editor de WordPress me quedaba bloqueada, sin saber muy bien sobre qué era apropiado o no escribir en esta situación. Por un lado las temáticas que suelo tratar de forma habitual en el blog me parecían frívolas y absolutamente fuera de lugar, pero por otro entiendo que bastante bombardeo tenemos en los medios con la pandemia como para ponerme yo aquí a hablar de nada relacionado con el tema. Y tampoco es que yo tuviese demasiado que aportar al respecto.

Los primeros días no estaba tan desanimada: después de tantos años trabajando desde casa, pensé que quizá podría publicar algunos consejos para quienes se habían visto de repente obligados a convertir el salón en su oficina. A decir verdad mi rutina diaria no se diferencia demasiado de esta cuarentena, especialmente durante los meses de invierno, ya que gracias al clima británico puedo pasarme perfectamente semanas enteras sin salir de casa más que para sacar la basura.

Y por otro lado no me avergüenza admitir que incluso me entusiasmé con la idea de usar el tiempo que me iba a quedar tras cancelar mi escasa vida social para terminar libros y cursos que tenía pendientes. Mi intención no era otra que la de intentar ver el lado positivo de la situación y aprovechar al máximo los recursos a mi alcance.

Y sin embargo empezaron a pasar los días sin que yo consiguiese reunir las energías suficientes como para arrancarle algo coherente al teclado, o como para ponerme al día con todas esas lecturas y cursos atrasados. La apatía hacía que me pasara el día en pijama, tomando chocolate caliente y alternando partidas de Hearthstone con horas de scroll infinito en mi timeline de Twitter. Dejé incluso de entrar a Instagram porque me deprimía compararme con esa gente que en cuarenta y ocho horas de cuarentena ya había ordenado todos los armarios de su casa, había aprendido tres recetas nuevas en YouTube y además había tenido tiempo de hacer una rutina de yoga diferente cada día.

Mi falta de productividad me hacía sentirme culpable, y esa culpabilidad crecía de forma exponencial cuanto más reflexionaba sobre el hecho de que no tenía motivos reales para estar tan desanimada. Mi familia y mis amigos tienen buena salud, me encanta estar en casa y, aunque mi piso no es excesivamente grande, sí que es muy cómodo. No tenía ni tengo motivos para quejarme ni sentirme desafortunada, y como ya os imaginaréis, ser consciente de ello alimentaba aún más mi sentimiento de culpa.

Tras varios días de darle muchas vueltas a todo y de navegar sin rumbo fijo por redes sociales, acabé dando con algunos artículos interesantes sobre el duelo y el luto, y descubrí que podemos pasar por estos procesos emocionales incluso aunque no haya fallecido ninguno de nuestros seres queridos.

En esta situación por ejemplo es posible estar de duelo por haber perdido parte de nuestra libertad, o porque sentimos que nos han arrebatado la que esperábamos que fuese nuestra vida durante estos meses, o nuestros planes y viajes. Asumíamos que nuestra rutina iba a transcurrir de una manera más o menos previsible y de golpe y porrazo nos hemos quedado sin muchísimas cosas que dábamos por sentado.

A la mayoría de las personas se nos da regular lo de lidiar con la incertidumbre, y ahora tenemos que enfrentarnos al hecho de que no tenemos ni idea de cuánto va a durar nuestra situación, ni de cómo acabará. La pandemia nos ha robado esa falsa sensación de seguridad que impulsaba nuestro día a día. Ahora nos damos cuenta de que estamos más desprotegidos de lo que pensábamos, de que no somos tan invencibles ni tan independientes. De que necesitamos del esfuerzo y la colaboración de otros seres humanos para algo tan básico como tener un plato de comida caliente o las medicinas más imprescindibles. El COVID-19 ha sido una verdadera bofetada para ese individualismo egoísta que había ido aflorando durante la última década. Tenemos que ayudarnos unos a otros, todos podemos poner nuestro granito de arena para resolver cuanto antes este problema que nos atañe, aunque solo sea cumpliendo con la parte que nos toca de quedarnos en casa y no poner en peligro a otros.

Yo también puedo ayudar, de hecho ya lo estoy haciendo. Y de repente el confinamiento no pesa tanto si se tiene bien a la vista el por qué, el propósito. Puede que nuestra aportación no sea tan heroica como la de los sanitarios que se la juegan en los hospitales atendiendo a enfermos sin las protecciones adecuadas. Pero estamos salvando a gente. Tú y yo. Por cada día que nos quedamos en casa hay miles de personas que no se contagian y otras tantas que se libran de acabar en la UCI.

Me siento un poco mejor al ser consciente de ello, aunque eso no borra del todo mi duelo por esa vida que sabemos que no volverá a ser la misma ni siquiera cuando todo esto acabe. Así que decido perdonarme. Decido dejarme pasar los días acurrucada bebiendo chocolate caliente y viendo series. No pasa nada por no querer hacer nada, es perfectamente normal dadas las circunstancias.

Y es justo después de perdonarme a mí misma cuando empiezo a despertar del letargo, y cuando empiezan poco a poco a volverme las ganas. Un día me levanto y hago un poco de ejercicio. Otro día hago limpieza, ordeno mi armario. Vuelvo a leer, empiezo a fantasear con futuros planes para cuando pase la tormenta, sea este verano o el próximo otoño. Abro WordPress y escribo.