Distancia social Covid19

La “nueva normalidad”

La nueva normalidad se ha convertido estos días en el mantra favorito de muchos políticos, periodistas y tertulianos. Todos creen tener entre sus hipótesis y elucubraciones la receta perfecta para la desescalada, ese otro término tan omnipresente como resbaladizo del que depende la salud mental y la economía de muchos.

La mayoría de los ciudadanos de a pie hemos pasado de la incredulidad que nos provocaba el hecho de sentirnos protagonistas de una película de tintes apocalípticos y bajo presupuesto, a la aceptación resignada de esta realidad pesadillesca que nos ha mandado de una patada en el trasero varios escalones abajo en nuestra pirámide de Maslow.

Pirámide de Maslow Covid19

Y no podemos evitar dejarnos caer en el ejercicio de imaginar cómo será nuestra vuelta a la rutina, a esa nueva normalidad que parecería estar sacada de algún improbable universo paralelo y que promete regalarnos escenas tan surrealistas como playas divididas en cubículos de metacrilato.

Este nuevo coronavirus ha llegado para quedarse, y durante los meses que tarde en llegar la vacuna nos va a tocar doblegarnos a esta situación en la que no nos queda otra que renunciar por nuestra seguridad a ciertos derechos y libertades.

Hasta hace poco me preguntaba si acaso ya no podremos volver a ir al supermercado sin tener que esperar una cola solo para entrar, o sin la inquietud de encontrarnos vacíos —otra vez— los estantes de ciertos productos básicos. Me preguntaba cuánto tiempo tendría que pasar hasta que volviéramos a sentirnos seguros compartiendo la oscuridad de una sala de cine con varias decenas de extraños, o si después de todo esto los viajes internacionales seguirán siendo tan mainstream como lo eran hasta hace unos meses.

Calles desiertas pandemia coronavirus

Pero lo que ahora alimenta los engranajes de mi curiosidad es el divagar sobre las secuelas psicológicas que este 2020 va a regalarnos, incluso aunque no hayamos pasado por el trance de perder a seres queridos. En uno de los episodios de la tercera temporada de GLOW (Netflix) uno de los personajes confesaba entre lágrimas que su padre, judío superviviente del holocausto, jamás había podido vivir en una casa que no contara con sótano o desván, por si acaso tenía que volver a ocultarse.

Bill Gates arrancaba su popular charla TED de 2015 sobre pandemias mostrando el bidón con agua y alimentos que muchos hogares americanos atesoraban después de la Segunda Guerra Mundial para sobrevivir en caso de un ataque nuclear. Cada generación tiene sus propios traumas y puede que los nuestros sean el de tener siempre mascarillas colgadas en el perchero de la entrada o el de no salir de casa sin un bote de gel desinfectante que usaremos de forma compulsiva.

Mascarillas y gel desinfectante coronavirus Covid19

La gran diferencia entre unos confinamientos y otros la han marcado el hecho de estar encerrados con las personas adecuadas y en lugares más o menos cómodos, así que supongo que es normal hasta cierto punto que a partir de ahora la gente se pregunte ¿es este el tipo de persona con la que me gustaría pasar una cuarentena? cada vez que empiecen a salir con una potencial pareja. O ¿me importaría que me confinasen aquí? cada vez que vayan a alquilar un piso nuevo o a comprar una casa.

Yo no puedo quejarme en ninguno de esos dos aspectos: tengo buena compañía para esta etapa tan incierta de nuestras vidas y un piso que, sin ser muy grande, es bastante cómodo. Y aunque siempre he sido más de apartamentos que de casas ahora no puedo evitar fantasear con un jardincito pequeño en el que tener un huerto y algunas gallinas. Yo, que soy más de ciudad que una parada de metro.

Claire Wineland

Claire Wineland

Estaba yo este fin de semana vagabundeando un rato por YouTube cuando me apareció entre los vídeos recomendados un documental de YouTube Originals que no llevaba más título que Claire.

La protagonista era Claire Wineland, una video blogger norteamericana de 21 años diagnosticada desde su nacimiento con fibrosis quística que había ido ganándole a golpe de buen humor el pulso a la reducida esperanza de vida que le habían dado los médicos desde que era solo un bebé.

Desde el primer minuto del documental me quedé embelesada con su desparpajo y su carisma, así que pausé el vídeo y busqué su canal de YouTube.

Me alegró encontrar tantísimos vídeos suyos, como cuando uno descubre de repente una serie que le encanta y se entera a continuación de que tiene por delante varias temporadas para poder disfrutarla. Y aunque normalizar y visibilizar el día a día de los que padecen fibrosis quística fue desde el principio uno de los motores de Claire, al mismo tiempo ella se resistía a que la enfermedad la definiera, y sus vídeos son en su gran mayoría muy desenfadados y divertidos.

Claire Wineland labor bear

Terminé de ver el documental, fascinada por haber descubierto a esta youtuber tan peculiar y que hablaba con una madurez injustificada para su edad, solo para encontrarme con un jarro de agua fría al enterarme de que Claire murió en septiembre del año pasado.

Ella, que siempre había sido reticente a someterse a un transplante de pulmón, cambió de idea tras un declive drástico de su salud, y se sometió al proceso de evaluación para poder entrar en la lista de espera. La madrugada del 26 de agosto de 2018 la llamaron para decirle que había un donante y que todo estaba listo, y aunque la cirugía fue un éxito, un coágulo le provocó un derrame cerebral que terminó con su vida antes de que pudiera llegar a disfrutar de la tregua que le hubieran dado sus pulmones nuevos.

Durante estos últimos días he estado viendo muchos de sus vídeos, la mayoría de ellos vlogs sin apenas edición donde ella reflexiona sobre diversos asuntos, relacionados o no con su enfermedad. Y es tal su franqueza y su autenticidad que parece inevitable no acabar teniendo la sensación de que es una vieja amiga íntima. Y quizá por eso resulte tan raro y doloroso ser consciente del hecho de que nunca voy a poder mandarle un email para darle ánimos, ni me leerá si le dejo un comentario para contarle cuánto me han inspirado algunos de sus vídeos.

¿Es normal sentir tanta tristeza por la muerte de alguien cuya existencia se desconocía por completo hasta apenas una hora antes de descubrir su fallecimiento?

Me siento un poco en deuda con ella por haberme asomado estos días a su vida a través de esa gran ventana que es YouTube y haberme contagiado de esas ganas suyas de vivir una vida de la que podamos sentirnos orgullosos, así que la única forma en la que puedo devolverle de algún modo el favor es hablando aquí de ella por si alguno de vosotros aún no la conoce, y animándoos a ver al menos su documental, que os dejo a continuación.

Elave Sensitive Intensive Cream dermatitis de contacto o alérgica

Elave Sensitive Intensive Cream: así me libré de la dermatitis de contacto

(AVISO: Este post es MUY LARGO. Si no te interesa para nada el tema de la dermatitis alérgica ni las posibles desventuras de una española con la seguridad social inglesa, no te lo leas. Si conoces a alguien a quien le haya tocado sufrir la dermatitis de primera mano, pásale el enlace y quizá le sea de ayuda.)

A principios de diciembre empecé a notar mis párpados especialmente secos e irritables. Como justo las molestias coincidieron con una caída acusada y repentina de las temperaturas, le eché la culpa al frío y no le di más importancia al asunto. Empecé a aplicar aceite de coco en el contorno de ojos por las noches antes de acostarme, y listo.

El aceite de coco me calmaba en el momento de aplicarlo, pero durante el resto del día la piel de los párpados seguía ligeramente irritada y reseca, aunque nada que un poco de maquillaje no pudiera disimular. Empecé a pensar que igual me estaba dando alergia alguno de mis productos, pero tras un repaso me di cuenta de que no estaba usando ningún producto nuevo. Solo mis cosméticos de siempre y en envases que ya llevaban semanas o meses abiertos, por lo que no tenía mucho sentido que me dieran alergia de repente.

Aproveché las vacaciones de Navidad en España para comprar en una farmacia una crema que me recomendó mi amiga Azu: Parpadual, con ectoína y ácido hialurónico. Esta crema no es un medicamento, y al no ser tan grasa como el aceite de coco podía ponérmela por las mañanas y luego aplicar un poco de corrector de ojeras sin problemas —durante esas semanas preferí reducir mi rutina de maquillaje al mínimo indispensable—.

Mis párpados mejoraron notablemente, pero nada más volver a Inglaterra en enero volvieron a empeorar y muchísimo.

Dermatitis de contacto
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Cosas frikis que ver en Londres: ‘ The Art of The Brick: DC Super Heroes’

En Londres nunca faltan cosas que ver, pero si sois aficionados al mundillo de los cómics y de los superhéroes y tenéis previsto visitar la capital británica estas vacaciones o a lo largo de los próximos meses no podéis perderos la exposición The Art of The Brick: DC Super Heroes, que estará en South Bank hasta el 4 de septiembre. En ella podremos deleitarnos ante más de 120 figuras del universo DC creadas con un total de más de dos millones de piezas de LEGO —y una buena dosis de paciencia, añadiría yo—.  Sigue leyendo “Cosas frikis que ver en Londres: ‘ The Art of The Brick: DC Super Heroes’”

Ir de compras alarga la vida

¿Quieres vivir más? ¡Ve de compras todos los días!

Queridos y queridas fashionistas, parece que los aficionados a quemar tarjeta de crédito con un capricho por aquí y otro por allá estamos de suerte, porque dicen que ir de compras todos los días puede hacernos más longevos. Y no lo digo yo, que lo dice uno de esos estudios serios publicado por el Journal of Epidemiology and Community Health —que aunque no sé lo que es, a mí me suena bastante respetable—, y se ha hecho eco de la noticia nada menos que Forbes, que es donde la he encontrado yo esta mañana.

Ir de compras es bueno para la salud

Al igual que han hecho los de Forbes, yo también he jugado un poco con vuestras ilusiones con el sensacionalismo del título. Porque echando un vistazo más detenidamente al artículo resulta que lo de salir de compras a diario mejora las expectativas de vida de las personas mayores. Y se refiere a salir en general, al supermercado, al banco y esas cosas. Lo que viene siendo hacer vida social. Vamos, que lo de meterse de cabeza en el follón de las rebajas aún no hay médico que lo recomiende, aunque muchos podrían etiquetarlo de deporte —deporte de riesgo, añadiría yo—. Sigue leyendo “¿Quieres vivir más? ¡Ve de compras todos los días!”

No a la anorexia

¿Eres un dibujo? ¡Di no a la anorexia!

No eres un dibujo No a la anorexia

Lo que más me gustaba cuando estudiaba Historia del Traje e Indumentaria en la carrera era hacer los figurines con propuestas de vestuario para esta o aquella obra de teatro, y que afortunadamente puntuaban casi tanto como los propios exámenes.

Digo afortunadamente porque, aunque nunca se me ha dado demasiado bien dibujar, hacer un figurín era harina de otro costal. La ropa era la verdadera protagonista de este tipo de dibujos, y una podía simplemente esbozar unos labios y no tener que detallar nada más del rostro de la actriz imaginaria a la que vestíamos. Algo tan complicado de dibujar como las manos se quedaban en apenas unos trazos simbólicos, mientras que una frondosa melena rizada podía simplemente sugerirse con un borrón de acuarela.  Sigue leyendo “¿Eres un dibujo? ¡Di no a la anorexia!”

Las cosas que importan

Vacaciones 2012

Hace mucho que las redes sociales tomaron el relevo a los emails en muchos aspectos. Uno de los más incómodos es el de la propagación de absurdas cadenas que nos piden que copiemos un texto en nuestro muro si queremos luchar contra el cáncer, o que hagamos click en el botón Me gusta si estamos de acuerdo con una foto en la que el Dalai Lama o Gandhi aparecen junto a una cita que habla de los inciertos pasos de nuestra sociedad por el sendero equivocado.

Así precisamente ha sido como ha llegado hasta mí esta semana un breve texto en el que se nos acusa a hombres y mujeres de desperdiciar la salud para juntar dinero, y de luego gastar ese dinero para intentar recuperar la salud. Decía también que pasamos tanto tiempo pensando en el futuro, que no vivimos el presente, y que además de vivir como si no tuviéramos que morir nunca, morimos como si nunca hubiésemos vivido.

Resulta complicado saber a quién pertenece la cita en realidad, porque según el sitio en el que aparece la ponen en labios de Buddha, Gandhi o el Dalai Lama. Pero está claro que algo de razón sí que tiene, independientemente de cuál fuera la mente iluminada que la compartiera con el resto del mundo.

El caso es que a mí me ha hecho reflexionar y volver a ver las cosas con cierta perspectiva. Y como creo que no hay momento más propicio que este, a las puertas de las vacaciones, para pensar sobre estas cosas, voy a permitirme el lujo de darte un consejo: deja de preocuparte. Relájate. Puede que en tiempos de crisis te parezca contraproducente que te pida que no le concedas a tu trabajo más importancia de la que realmente tiene, pero creo que ya está bien de ver cómo cada vez más empresas se escudan en la situación económica para pedir a sus trabajadores que se aprieten el cinturón e imponer condiciones y horarios abusivos, siempre amparándose bajo la amenaza tácita que se oculta en la frase son tiempos difíciles.

No te engañes. Los tiempos nunca han sido fáciles, al menos para los trabajadores de a pie. No tiene sentido pasar todo el año fantaseando con tus quince días de vacaciones si llegado el momento, tienes tal cantidad de estrés acumulado que ni siquiera un mes de asueto puede devolverte las energías que necesitas para volver a enfrentarte a tu día a día.

No dejes que la falta de presupuesto haga que este año tus vacaciones se limiten a descansar en casa. Cambia de aires y de costumbres en la medida de lo posible. Si no puedes permitirte un viaje largo, haz pequeñas excursiones de un día, o aprovecha para respirar el aire de la sierra con una buena caminata o un paseo en bicicleta. Aléjate del ordenador y del correo de empresa.  Sigue leyendo “Las cosas que importan”