Paseando por Madrid, en algún punto entre la calle Fuencarral y la Plaza del Dos de Mayo, me encontré con esta tienda, cuyo umbral-escaparate me resultó de lo más curioso.
Medio maniquí, cual parteneire de mago tras un truco fallido, que ha visto sustituído su tronco por una jaula rosa, con un pequeño habitante y una nota.
En su interior, saluda sonriente Ken, el eterno novio guaperas de Barbie, ataviado sólo con unos ajustados pantalones, y colgada de la jaula una notita con el ruego de «no alimenten al pajarito». Y de fondo, un arco iris de leggins, prenda imprescindible de la temporada.
¿Charlamos sobre esto?