Hasta hace unos días yo me sentía especialmente orgullosa de vivir en una época de cambios, sobre todo en lo que a cánones de belleza femenina se refiere, y me tranquilizaba ver cómo, cada día más, triunfaban en sus respectivas profesiones chicas que no estaban dispuestas a renunciar a sus curvas, como Scarlett Johansson, Doutzen Kroes o Kim Kardashian.

Pero este fin de semana, paseando por la Gran Vía de Logroño, un escaparate me ha sacado de mi absurda ensoñación. Se trata de un establecimiento de Benetton, cuyos maniquíes irradiaban cualquier cosa excepto esa idea de que las chicas sexies se sienten cómodas con su talla 38-40. Porque aunque no estoy del todo segura, pondría mi mano en el fuego por afirmar que esos leggins de la foto no serán de una talla mayor que la 30 ó 32.

Ya sé que no se trata de ninguna novedad el denunciar que la industria de la moda se lave la cara con iniciativas como la de imponer la talla 38 en la pasarela Cibeles para luego seguir incitando a conductas destructivas, pero me he quedado tan conmocionada ante la visión de las «patitas de pollo» de este pobre maniquí, que no podía menos que dedicarle un post.

Ojalá hubiese algún tipo de ley que se encargase de regular estas cosas…

Una respuesta a «Benetton pro-anorexia»

  1. No creas, a la gente del común le encanta ver chicas flacas….. dímelo a mí que soy obesa y todo el mundo me critica.

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