Algo falla en el planteamiento de la Vogue Fashion’s Night Out, una noche que se concibió como un aliciente para impulsar el consumo pero que ha acabado derivando en una maratoniana y claustrofóbica velada en la que hordas de quinceañeras y jubiladas están dispuestas a todo por conseguir una muestra de perfume gratis.
De nada sirve que una vaya dispuesta a comprar ese caro y exclusivo cosmético que solo estará disponible unas horas, y resulta de un optimismo inusitado pretender aprovechar el descuento de la ocasión para hacerte con un nuevo bolso para la temporada. Las marcas quieren que compremos y para ello mandan azafatas a repartir folletos en los que prometen un regalo a todo el que se pase por la tienda. Y puede que tú quieras comprar, pero si llegas al establecimiento y te encuentras con esa masa enfurecida e histérica de niñas y madres que hacen cola para conseguir su bolsa de tela gratis, y el segurata de turno te dice que tienes que hacer la cola aunque estés registradísima, tengas pasaporte Vogue, pase de prensa, y te hayan mandado cinco emails para confirmarte que vas a pasarte por la fiesta, en ese caso, lo más normal es que se te quiten las ganas de gastarte los cuartos. Y te vas por donde has venido. Y rezas para que cuando el año que viene te convoquen a cincuenta eventos no te falle el autocontrol y los acabes mandando a todos a tomar Fanta de mala manera. O al menos ese es mi caso.
En tiempos de crisis la VFNO falla desde la base, y los mecanismos para incentivar las compras se convierten precisamente en lo que las impide. El último día de la MBFWM, cuando salía del pabellón catorce de Ifema, vi entrar a dos ancianos con gorras, gafas de sol, deportivas y riñoneras. Uno le decía al otro: «Bueno, vamos a ver qué es lo que nos dan aquí».
En ese momento me pareció anecdótico y hasta gracioso, pero ahora entiendo que al ritmo al que van las cosas ese es el futuro que le depara a la VFNO. Este año eran madres e hijas quinceañeras; el que viene vendrán también los abuelos dispuestos a pisotear a quien haga falta para conseguir su copa de champán caliente.
Y como a mí me hierve la sangre de solo recordar esta noche tan caótica, os dejo el relato del periplo de la mano de mi amiga Azu:
- VFNO 2012, la odisea (Primera parte)
- VFNO 2012, la odisea (Segunda parte) (Sí, nos ha dado la aventura para una segunda parte y todo)
Debo decir que sí que hubo tres buenos momentos en toda la noche: la visita al anticuario López Linares, el par de canciones que le pudimos escuchar a Anni B Sweet y esa gloriosa hamburguesa de mi recién descubierto New York Burger.






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