Cuando hace unas semanas leí este artículo que reflexionaba sobre el fracaso de la Vogue Fashion’s Night Out en Nueva York no me sorprendí en absoluto. El objetivo de este evento que ya se ha convertido en tradición en muchas capitales del mundo no era otro que el de reactivar un poco la economía y animar a los consumidores a salir de compras, y para ello se les ofrecían incentivos tales como descuentos, artículos de edición limitada que solo estaban unas horas a la venta o fiestas exclusivas con la presencia de celebridades del mundillo.
Y hoy por hoy creo que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que ese objetivo no se ha cumplido por varios motivos. El primero es el hecho de que la mayoría de la gente que acude a este evento no va a comprar, solo acude al reclamo del cóctel gratis o de la bolsa de tela de regalo. El segundo es que las personas que realmente quieren comprar muchas veces no pueden hacerlo por lo masificado que está el evento por culpa de la gente que va solo a recolectar muestras y regalitos, tal y como os contaba ya en este post de hace dos ediciones.
Según los dueños de algunas boutiques neoyorquinas allí el desfase iba aún más lejos, ya que la gente no solo no acudía a comprar, sino que además había quienes tenían las manos más que largas y aprovechaban el desbarajuste del evento para llevarse las cosas sin pasar por caja.
No es por tanto de extrañar que haya marcas y tiendas que abrazaron con entusiasmo la iniciativa en las primeras ediciones pero que poco a poco hayan preferido desmarcarse. O que en la misma ciudad de Nueva York, que es la capital de la que partió la idea, este año hayan preferido pasar del tema y no celebrar la VFNO. Las marcas y los dueños de las tiendas y boutiques culpan a la falta de organización, pero me atrevo a aventurar que la falta de rentabilidad también ha puesto su granito de arena.
Porque si en un evento que se hace para incentivar las compras la gente no compra, mal asunto. Que sí, que habrá marcas a las que la inversión les merezca la pena solo por imagen y por tener presencia, pero me imagino que la gran mayoría lo que buscan son resultados. Y en ese sentido el hecho de que la tienda se te llene de niñas en minifalda y tacones que van a por un mojito gratis y un par de canapés tampoco es que ayude mucho. O al menos no justifica el esfuerzo de ser parte de este circo en el que se ha convertido la VFNO.
La de ayer fue una VFNO pasada por agua, y aunque eso a priori parezca un inconveniente tuvo también su lado bueno ya que estuvo todo mucho menos masificado que otros años, y realmente se podía disfrutar de ir de compras (al amparo de un buen paraguas, claro está). La pena es que, a pesar de que por primera vez de verdad podía una comprar tranquilamente en la noche de las compras, hay quienes han tirado hace mucho la toalla con este evento con toda la razón del mundo, por lo que tampoco creo que las tiendas notaran una diferencia significativa.
Si me lee el dueño o el encargado de alguna de las tiendas que participan o han participado en alguna de las ediciones de la Vogue Fashion’s Night Out me encantaría que compartiese sus impresiones sobre el evento en un comentario. ¿Realmente merece la pena ser parte de la VFNO? ¿Tiene futuro la noche de la moda y las compras? ¿O tiene los días contados ahora que Nueva York se ha desvinculado del proyecto?
Yo desde hace un par de año me tomo esta noche con toda la calma que puedo e intento seleccionar y reducir al máximo las tiendas por las que quiero pasar. En esta ocasión aproveché para participar en el concurso de Clarks del que os hablé ayer y acudí a la presentación del Huawei Ascend P7 rosa y a un taller sobre Instagram de la mano de Phil González, creador de Instagramers. Y no me faltó tiempo para hacer algunas compras. Pero de todo esto ya os hablaré con más detalles la semana que viene. 😉





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