Llevo varios años tomando melatonina por motivos de salud. Me la recomendaron para mantener a raya la inflamación y las molestias asociadas a la endometriosis. Y aunque empecé a tomarla con cierto escepticismo, es cierto que me ayudó a mejorar mi calidad de vida —por supuesto sin desmerecer para nada el mérito real de los tratamientos que he recibido por parte de mi médico especialista en la materia, el Dr. Regojo—.

Para quien no haya oído hablar de ella, decir que la melatonina es un producto de la glándula pineal —aunque también podemos encontrarla el intestino, el hígado, los ovarios, el cerebro o la retina— que producimos de forma natural los seres humanos y que se encarga, entre otras cosas, de regular los ritmos circadianos para favorecer el sueño natural y la respuesta de la inmunidad innata de nuestro organismo.
Aunque yo no empecé a tomarla por problemas de sueño hay quien la usa para regular los ciclos y evitar el jet lag cuando por ejemplo se viaja a un país en el que el cambio horario es notable. Y debo decir que uno de los efectos colaterales que he notado desde que la estoy tomando es que mi sueño ha mejorado muchísimo. Como soy una persona muy nocturna antes me costaba mucho conciliar el sueño y dormir del tirón, pero desde que tomo melatonina de forma habitual consigo dormir perfectamente entre siete u ocho horas seguidas, y cuando me despierto estoy mucho más descansada.
Porque la melatonina no provoca sueño, ya que no es un medicamento hipnótico, sino que, por explicarlo de alguna manera, es la encargada de decirle al organismo que es de noche y que toca dormir y poner en marcha los procesos reparadores nocturnos. La tragedia de la melatonina es que entre los 30 y los 40 años su producción natural desciende en picado, y es por eso que se estudia su relación entre su descenso y el aumento de la dificultad para conciliar el sueño a medida que vamos envejeciendo.
Pero la melatonina hace mucho más que regular el sueño, ya que también es responsable de la actividad antioxidante de nuestro organismo gracias a su alta capacidad para depurar radicales libres y proteger a nuestras células.
Y esto me lleva al segundo efecto colateral desde que la estoy tomando: mi piel se mantiene en muy buenas condiciones y, a pesar de que estoy entrando en la recta final de mis treinta, apenas tengo arrugas.
Partiendo de la base de que los milagros no existen, soy capaz de llegar a la conclusión de que no todo es obra y gracia de la melatonina —mis buenos hábitos y tener la piel grasa ayudan muchísimo, lo sé—. Pero como comprenderéis, después de mi experiencia personal con ella, no pude evitar sentir una curiosidad inmensa cuando descubrí que la empresa española Pharmamel había lanzado un tratamiento en el que por primera vez la melatonina se usaba de forma tópica y con fines específicamente antienvejecimiento.
He tenido la oportunidad de probar las dos cremas de las que consta el tratamiento, MEL13 y MEL13 PLUS, durante casi dos meses, y quería compartir con vosotros mis impresiones sobre estos dos productos.
Sobre Pharmamel os diré que nace como empresa biotecnológica en 2014, pero su historia se remonta a principios de los años 80, que es cuando los investigadores Darío Acuña-Castroviejo y Germaine Escames empezaron su investigación en el campo del envejecimiento celular, la melatonina y su aplicación en distintos ámbitos.

MEL13 y MEL13 PLUS son resultado directo de todos estos años de investigación, y prometen entre otras cosas reforzar el efecto protector sobre las células que ofrece la melatonina que sintetizamos de forma natural en la piel, frente a los efectos tóxicos de las radiaciones ionizantes. Además la melatonina tiene efectos antimutagénicos, anticarcinogénicos y oncostáticos en la piel, e incluso reduce el daño provocado por los rayos X, por lo que su administración en combinación con radioterapia tiene una alta eficacia a la hora de tratar cánceres humanos.
Las dos cremas son ricas, densas y con un aroma suave, pero MEL13 se absorbe con mucha más rápidez sin dejar sensación grasa, lo que la convierte en idónea para aplicar antes de nuestra rutina de maquillaje habitual. MEL13 PLUS en cambio está pensada para pieles un poco más maduras o como tratamiento nocturno, ya que deja la piel mucho más jugosa aunque sin llegar a resultar recargada.
La densidad de ambos productos hace que baste una cantidad mínima para cubrir toda la superficie del rostro y del cuello. Yo los he estado usando como producto único durante estos dos meses, también para la zona del escote y del contorno de ojos. Las imágenes son de cuando llevaba un mes de uso: he gastado mucho más rápidamente el envase de MEL13 porque cuando he estado de viaje solo me he llevado ese producto y lo he usado tanto como crema de día como de noche. Así que puedo decir que esta crema es una verdadera todo terreno.

Tras este periodo de tiempo usando el tratamiento puedo decir que estoy muy satisfecha con los resultados y que creo que va a convertirse en mi marca de cabecera en lo que a antienvejecimiento se refiere. Noto mi piel hidratada, elástica y protegida, y también percibo mejoras en la textura y en el tono.
Otra mejora que he podido notar de forma palpable es la rapidez a la hora de cicatrizar. De vez en cuando me toca pasar por algún brote de acné quístico, y después de conseguir secar el granito en cuestión con ácido salicílico siempre se me quedaba durante una o dos semanas una pequeña herida y luego una marca enrojecida. Desde que estoy usando estos productos de Pharmamel he comprobado que la heridita desaparece en apenas un par de días y sin dejar apenas marca visible. Ya solo por esto creo que merece la pena probar estos productos si tenéis el mismo tipo de piel que yo.
El precio de MEL13 y MEL13 PLUS oscila entre los 40 y 50€ dependiendo del punto de venta. Una cantidad bastante razonable teniendo en cuenta la efectividad de los productos.
¿Conocíais esta marca? ¿Habéis tenido oportunidad de probar alguno de los dos productos? ¿Os gustaría que hiciera un sorteo para que podáis probarlos? 🙂




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